El viaje anhelado,
el frío esperado.
Las espinas de las rosas han caído
para incrustarse en mis pies descalzos.
Las heridas me recuerdan el dolor
de dar pasos apresurados.
La sangre en el pasto
deja la huella del error,
del error de quien confía demasiado.
Naturaleza muerta,
carbón encendido.
Camino desvaído de raíces
secas.
Humo a mí alrededor,
cielo rojo.
Allá a lo lejos se ven los condenados,
los castigados pidiendo clemencia
para no ser azotados con cadenas
de fuego.
Se arrastran a gritos,
se desvanecen en pedazos.
El ángel negro
saluda desde la cima
con el mundo convulsionado
en sombras.
Con las alas ardiendo
devora las venas de
mis muñecas.
Con las alas ardiendo
corroe mis ojos.
Y me quedo sin manos
para arrastrarme.
Y me quedo sin ojos
para observar
a los muertos.
¡Gracias a todos los que me leen!
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