Cuando todo era verdad; pero en realidad hacía un tiempo que había llegado al convencimiento de que todo era mentira, aunque habría que llegar al porqué, al origen, a la causa. Una cosa era reconocer la falsedad y otra, que no respondiera a una razón, a un contagio o a una especie de castigo o enfermedad. Quizás todo fuese culpa de la casa, la maldita casa, aquella que una vez pareció alegre, risueña, confortable y que poco a poco se había ido transformando, recubriendo de una especie de polvo irreal y de silencio. Hoy hasta el banco de madera desvencijado y los rosales podados y desprovistos de flores parecían pertenecer a otro lugar donde la nada se adueñaba de todo.
Cuando todo era verdad; pero en realidad hacía un tiempo que había llegado al convencimiento de que todo era mentira, aunque habría que llegar al porqué, al origen, a la causa. Una cosa era reconocer la falsedad y otra, que no respondiera a una razón, a un contagio o a una especie de castigo o enfermedad. Quizás todo fuese culpa de la casa, la maldita casa, aquella que una vez pareció alegre, risueña, confortable y que poco a poco se había ido transformando, recubriendo de una especie de polvo irreal y de silencio. Hoy hasta el banco de madera desvencijado y los rosales podados y desprovistos de flores parecían pertenecer a otro lugar donde la nada se adueñaba de todo.