En esta tarde oscura salpicada, no obstante, por la blancura del granizo, desde este norte, que casi había olvidado ya la lluvia y el frío por su ausencia durante el pasado invierno, he decidido escribir siete líneas de una historia que no ha sido ni premeditada ni preconcebida. Una historia que quizás no sea ni poética ni siniestra ni oscura o quizás sí. Una historia que, sin embargo, late como la sangre en las venas y que tiene vida propia y que no sé a dónde nos llevará, pues estas cosas suceden como las ondas concéntricas en las aguas o como los sueños. Si de algo estoy segura es que tras su lectura ya nunca volveremos a ser los mismos.