Erick tenía esa habilidad para detectar cuando estaba soñando. Aprovechaba esos pequeños detalles incoherentes de sus sueños para tener sueños lucidos o para despertarse cuando algo lo intimidaba, aunque eso no pasaba con frecuencia.
Retaba a su mente, para ver si ésta conseguía una forma de sorprenderlo.
Una noche iba manejando por una carretera solitaria en medio de un bosque, cuando un venado con bellas astas salto sorpresivamente en su camino, Erick freno a tiempo y ninguno de los dos salió lastimado –¿Hay venados en Venezuela? Fue lo primero que se preguntó –¿Por qué la carretera estaba en tan buenas condiciones? Eso no tenía sentido. Comenzó a escuchar un pitido agudo y todo a su alrededor comenzó a temblar.
Erick se despertó en su cuarto, ese había sido un sueño bastante sencillo de adivinar. Fue a la cocina por un vaso de agua y de regreso se quedo viendo una foto de su familia donde él era un niño muy pequeño, contemplando las sonrisas de todos comenzó a notar como sus rostros de desvanecían y aparecía una expresión de terror. Sobre la foto se veía la sombra de unas astas, sintió una presencia tras él. Giro lentamente repitiendo –Las fotografías no se mueven, no hay nada detrás de mí, las fotografías no se mueven y no hay nada detrás de mí.
Pero una sombra de cornamenta y largos cuernos se encontraba detrás de él. Espero que el pitido lo despertase, pero lo despertó un sonido más estremecedor, la corneta de una gandola.
Erick se había quedado dormido al volante y por poco se pasaba al carril contrario. Comenzó a sudar del susto –¿Cuánto tiempo tengo dormido? Era de noche, ahora lo recordaba, tenía 5 horas conduciendo desde Caracas hasta Mérida. Iba en camino a ver a su familia. Se estacionó en la carretera, prendió las luces de emergencia, se golpeó un poco la cara para comprobar que estaba despierto, observo la carretera y las condiciones precarias en la que estaban le demostraron que seguía en Venezuela.
En el suelo del asiento de copiloto se encontraba una botella de ron barato, aparentemente muy muy barato con la imagen de un venado como logo. Eso explicaba todo, el ciervo, las astas, la nostalgia por su familia, comenzó agradecer el estar con vida y luego comenzó a reír nerviosamente. De pronto escucho una risa más grave detrás de él, casi se le detiene el corazón, no había nada en el retrovisor, pero la risa seguía sonando cada vez más fuerte. Se tapó los oídos mientras repetía –Estoy borracho, estoy borracho, estoy borracho. En realidad, no sabía si estaba borracho o dormido. Pero eso no le importaba a la sombra de astas que se disponía a devorarlo.
Algo comenzó a agitar su cuerpo, una voz susurraba –Despierta, despierta. Intentaba abrir sus ojos. –Hijo mío, es una pesadilla. Era una voz conocida, finalmente se despertó, no lo podía creer, comenzó a llorar y abrazar a su madre –Mami otra vez soñé con Erick, fue lo único que Maikol le dijo.