Una Ciudad teñida de sangre

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El cielo estaba tan claro como el agua, despejado en su totalidad de las grandes nubes blancas. El aire chocaba con fuerza sobre mi cara, mientras que la motocicleta andaba, recorría con gran detenimiento todos los espacios abiertos en la gran Ciudad Universitaria.

Empiezan a dibujarse grandes cercas de alambre que rodean un espacio cubierto y pulido con una gran franja por el medio. Hay bancos y unos arcos que no se dejan ver claramente. Continúa un angosto pasillo, recto, cubierto de un techo sostenido por unas cilíndricas y gruesas columnas. Seguidamente, el chofer dobla en la primera curva y el camino se cubre de estantes llenos de hermosos libros, que llenan el ambiente de un aroma particular, pero pronto pasa ese olor. Unos muchachos, acarician excitados unos libros, por su portada tan dura y resistente, mientras la ven como si fuera el último trozo de comida que verán en su vida.

Alcanzo a ver uno de los carnets de aquellos chicos, pero al instante ya no queda nada de aquella figura. Mientras, la fuerte brisa revolotea mi gran cabello de color ébano. Pasamos por un cafetín que tiene unas cinco mesas, están rodeadas de sillas viejas y cubiertas de restos de comida. Al fondo una entrada que tiene en su fondo un cartel que cita “Facultad de Ingeniería” y al frente una chica con el vaso volteado sobre su camisa, señala a otra, pero ya es muy tarde para oír lo que dice.

La moto se para y me bajo con las rodillas pegadas una de la otra, casi doblada y con las manos en el estómago, sólo grito, pero es un grito vacío, sin voz, oscuro y frío. Al unísono se escuchan los “rugidos” del asombro, se ven las caras más pálidas y aterradoras. En el suelo, debajo de un viejo banquito oxidado, se encuentra un cadáver. Es él, de estatura mediana, siempre tan atento y servicial, muy serio y responsable con sus amigos, pero aficionado por las risas; era siempre un coleccionista de estas, con su cámara infaltable.

¡NO, JOSÉ! -grita alguien agarrándolo de la mano-. Mientras estoy paralizada pienso en que fue mi mejor amigo – fue, fue, fue, repite mi mente-.

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