Es 15 de diciembre.
Una vez más lo es
pero no se trata de una fecha más.
¡Feliz cumpleaños, nonno!
Tus recuerdos serán siempre mi impulso
Tus abrazos la ternura que guarde dentro de mí
Tu mirada mi inocencia y tus caricias lo que nunca se borre de mí.
Seremos, claro que siempre seremos.
Somos eternos,
irremplazables, pero quedamos
en la memoria, en el corazón, en las esperanzas de mantenernos
aunque sea como un recuerdo, pero seguimos ahí porque somos,
pero somos para quienes están rotos una pieza faltante, que faltará eternamente.
Hoy celebro tus 81 años. Lo hago con alegría y tristeza
Con afán y con desdén. Pero lo hago con una mano en el corazón, mientras los recuerdos golpean fuertemente el alma porque tu alcance va más allá de tocar lo carnal.
Aún después de algunos años me debato en que debería hacer. Aceptar que aquello que vivimos fue en pasado o seguir soñando con que está transcurriendo. Sin pensarlo y arrebatada por mis emociones, elijo soñar. Elijo Soñar. Elijo Soñar. Pero qué sueño, qué estás, qué me abrazas, qué me das la bendición, que compartes tu pensión, tu amor por el café o ese “¿qué hora es, ya es hora del café?” que no se hacia esperar todos los días a las 3:00 p.m. Puedo hacerlo, pero qué pasa si me quedo esperando sentir esa sensación de realismo que anhelo y que no llega.
Ya ni siquiera puedo recordar con detalles la forma de tu voz, ni el sonido que producias con tu andadera al levantarte de noche. No puede asemejar sonidos con los que tu reproducias en tu vida. Todos son vacíos y sin sentido. O la que está vacía soy yo, pero como no estarlo si tu no estás.
Quiero pensar y pienso en todo la mal que la estuvieras pasando si estuvieras, pero estarías, eso es lo importante ¿no?
Somos egoístas, algunos más que otros, pero todos pasamos el límite.
Lamento decirlo, pero somos esclavos de un yugo que nos amarra a ser aquello que no queremos porque lo que sí queremos ser, no lo somos, no en su totalidad.
Incluso a pesar de que nos demos cuenta nos negamos a no serlo, porque nuestro cerebro solo procesa que nuestra felicidad hace feliz a los demás y eso nos convierte en los peores egoístas.
¡Bendición, nonno!
Es impresionante como me he desarrollado lo mejor de mí sin que tu puedas ver lo que hoy soy. Para bien o para mal. No estás para aceptarme ni para reclamarme. No solo soy yo la que ha cambiado, somos todos, con el mismo anhelo de haberte disfrutado un poco más. Perdón por no hacerlo, pero éramos muy niños para entenderlos. Es tarde para comprenderlo lo sé, pero no me diste tiempo de crecer para aceptar que ciertamente estabas de paso.
“¡Son las tres!” mi mayor tesoro y más profundo recuerdo. Quisiera poderme asomar y decirtelo una vez más porque no lo hice lo suficiente. Necesito hacerlo de nuevo. Necesito poder esperar que al subir voy a encontrarme contigo. Pero no todo lo que necesitamos puede ser.
Si me preguntan por tí diré que fuiste el mejor,
que lo eres, porque aún cuando no te puedo ver, puedo amarte mucho más.