Con una amplia sonrisa
y mirada disimulada
tu mano se entrelazaba con la mía.
Sin duda alguna
nuestros reflejos coincidieron
y sin quererlo se tocaron,
acudiendo a la salvación.
Pero sin quererlo, se decidió,
quien no nace para el otro
se tiene que conformar.
La coincidencia nos cruzó,
pero luego decidió
que el amor ha de pasar,
pero nada nos faltará,
por que tú a mí,
siempre encontrarás.
Lo informal se da, como destino
que punto final a lo formal puso.