Su inmutable silencio
marca su dentadura
y acentúa la profundidad
de sus ojos.
Sus ojos como grandes soles
queman una barbaridad
a quien su alma roza.
Pero lo oculta
bajo grandes músculos.
que cubren sus frágiles huesos.
La atracción recorre
cada marca con recelo,
mientras la fría brisa
posa su larga cabellera
en los hombre de aquella
que ignora.
Por casualidad chocan la vista de su alma
y su universo se muestra,
en cada recorrido que sin tocarse
se hacen.
Incluso lo inmutable cambia,
cuando unos fríos dedos
recorren con caricias
cada parte de su ser.
Pero sus marcas, siguen estando,
ahora, acompañado de un motivo
que hace olvidarlas.