No era un día para sostener una verdad que enluta pasiones era un día para armar casitas de naipes en un colchón marrón. Me sentía ridículo atrayendo tanto su atención y a sabiendas que ese mismo día en algún tiempo futuro todo ese recuerdo se volvería maquina de algún escritor. Trate de perderme en su cuerpo rosado aniquilado por tantos milagros verdes y aunque no puedo negarlo tenia mucho temor de no volver a penetrar su juventud. El cuarto se torno algo pálido por tanto suspiro de algún naipe rey o algún capataz del destino que gobernó su corazón. Habíamos perdido la vida en esos instantes eternos no sabíamos porqué caminamos tanto y tan seguido para terminar contemplando yo su mentira artificial y ella a un desconocido mercenario del amor. Rompimos muchas mañas muchos otoños y otro poco de muchos para siempre quizá no encontramos otra manera de perdonar esa falta de prontitud al momento de decir adiós. Yo cerré los ojos al mundo con resignación y ella fumo un cigarro mas y corrió y corrió como una hereje pasajera del desamor...