Era un punto marrón y yo me perdía vagamente, me sentía atraído a mirarlo como un tonto horas por horas y el hecho de no poder tenerlo a mi antojo me consumía lentamente. En las noches ya más distante me imaginaba cómo seria sentir ese cosquilleo cerca a mis labios pero de solo imaginarlo me sentía descubierto y perverso. A largas horas de desvelo me acompañaba horas eternas de miedo porque había un remolino que no me llevaba a ningún rincón del cuarto quería llorar o mascar mi rabia por puro capricho o quizás solo quería escapara a la realidad pero siempre me encontraba acorralado por el eterno punto marrón. No puedo negarlo esa idea de sentirme vulnerado a no poder dejar de pensar o imaginar en su forma perfecta destruía mi libertad y me quedaba corto de rebeldía y al pasar de los días era una constante más violenta. Caminaba por las calles y a pesar que siempre intentaba pensar en otra cosa no podía desprenderlo de mi ser me apretaba el pecho y sentía que me miraba y muchas veces me hacía sentir culpable de porque las líneas blancas se movían repentinamente y mi cuerpo temblaba y perdía sintonía los pies pesaban y la mirada se perdía detrás de un mantel verde. Ha pasado mucho tiempo de ello y aún hay un punto marrón en todos los lugares al que voy por alguna razón mágica a pesar que no estoy muy cuerdo aún puedo centarme a disfrutar del olor de un buen café y ver las horas pasar detrás del humo blanco pero anacrónicamente siempre terminaré hablando de este o aquel punto marrón ...