SE DERRAMÓ DEPRISA EL RUBOR
Se derramó deprisa el rubor de su mejilla
y fueron las cárdenas pinturas del rubor
las que delataron el temor de la chiquilla
tan inexperta y ciega en cuestiones del amor.
Fue perverso Cupido, juguetón y travieso,
al oído, quedamente, me dijo: ten valor,
cobíjala con tus brazos, ahora, y dale un beso,
¿no ves la pobrecita temblando de calor?
Se derramó deprisa el rubor de su mejilla
y solo así supimos que el deseo tiene color.
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Texto de Tomás Jurado Zabala
Gracias por sus amables lecturas