Tienen cuerpos que no pesan.
Plumas en algas aéreas;
nunca duermen,
porque hablan con la liebre de marzo,
siempre.
Enroscadas, serpientes
de veneno alivio se reparten el trabajo
de sanar almas y materias:
marquesinas anunciando función nueva
en un teatro estepario.
La existencia no teme,
porque la vida es tan absurda como su contrario,
siempre.
El árbol mueve la cabeza,
y caen copos de manzanas pequeñitas.
"Loco, pues, tenía yo que estar, y muy alejado de «cualquiera» si aquellas voces habían de llegar hasta mí y hablarme de aquellos mundos.”
(Hermann Hesse, “El lobo estepario”)
Imagen:
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