Hija, hazme caso; no te cases con ese hombre; yo que te lo digo, vas a sufrir mucho; es mujeriego y parrandero y aquí en el rancho si es verdad hay pobreza pero sobre amor.
- Pero bueno mamá; ni que el amor matara el hambre; además, ese hombre me gusta; todas las mujeres del barrio andan detrás de él y que se haya fijado en mí; mamá, que soy una pata en el suelo es por algo; eso significa que me quiere; se que con el tiempo va a cambiar y me va a llegar a querer de verdad.
Pero mija, usted misma lo ha dicho,el no la quiere , lo que tiene de bonita lo tiene de bruta; por favor hija no se case; hágame caso.
-Ay Madre; ¡me extraña araña! pero Usted se pone contenta con los tremendos regalotes que Fulgencio trae pal rancho; fíjate, no teníamos lavadora y la trajo, ni televisor y lo trajo; si no estuviéramos lavando en el río y acostándonos a las 6 de la tarde porque ni la novela podemos ver; eso sin contar con la tremenda cocinota y la nevera que nos trae hoy.
- Pero mija; si yo hubiera sabido que aceptando esos regalos le estaba vendiendo mi hija a ese diablo; jamás los hubiera aceptado.
-AY .. no mamá por favor deja la cantaleta; ahora resulta que mi novio tiene todos los defectos del mundo; no será que te gusta.
Una sonora cachetada tronó en aquel rancho y una señora muy dolida al ponerle por primera vez una mano a su hija se encierra a llorar a su cuarto. Y una hija rebelde y ciega de ambición,deseo y lujuria por aquel macho, el mero mero de toda la región.
Luego de la cachetada, la rebelde chica agarró sus trapos lujosos regalados por Fulgencio y se fué del rancho, quedando una madre sumida en el mas profundo dolor.
El matricidio se celebra, pasa el tiempo y otra vez se escucha una conciliadora conversa en aquel rancho:
- Ay madre; que infeliz soy;tú tenías razón, Fulgencio no tiene alma, todos los días llega tarde; tomado y para colmo es un mano suelta, no hay día que no me pegue y eso mamá; que soy la propia esclava, me desvivo por complacerlo en todo; ay madrecita, si te hubiera hecho caso; ay mamá perdóname , me quiero morir ¿ Para que quiero lujos? ¿Para que quiero una nevera full de comida ¿ Para que quiero un carro? cuando lo que necesito es amor y eso era lo que encontraba aquí, si es verdad; vivíamos estrechitas pero su amor nunca me faltó,ay madrecita ahora me encuentro en un callejón sin salida y desesperada.
-Bueno mija, basta de lloriqueos; vaya para allá y recoja todos sus trapos y se viene pal rancho y piense que lo mejor está por venir y a Ud todavía le queda ¡guáramo! juventud y belleza para encontrarse con un man que me la quiera de verdad y cuente siempre con esta vieja pa lo que sea.
En efecto, la pobre muchacha llega con mucho miedo a la mansión y abre sigilosamente la puerta escuchando una voz alta, de macho en su costoso celular:
- Pero vente para acá , ricura, sabes que me traes loco y no te preocupes por la estúpida de mi mujer, ella no está; de seguro ha ido a lloriquearle a su mamá; otra que lo que necesita es un buen macho para quitarle lo mojigata.
Dicen que todo en la vida todo tiene un límite y eso fue lo que le pasó a aquella desesperada mujer que sacó con cuidado de su cartera algo que la libraba siempre de todo mal en el barrio y se trataba nada mas y nada menos que de una flamante pistola que no es necesario decir de quien era y la descargó sin piedad sobre aquel engendro de hombre.
De esta trágica y real historia que sucede todos los días, cruda pero bastante real, quedó um camposanto estrenando un nuevo cliente; un cuarto de prisión estrenando dueña y una madre llena de dolor pensando en lo injusta que puede llegar a ser la VIDA cuando ¡SOLO EL AMOR NO BASTA! y si de algo era millonaria aquella mujer era eso, amor y mas amor por aquella hija que se dejó cegar por el deseo, la lujuria y el dinero de aquel ¿Debemos decir hombre? no lo creo la palabra ¡HOMBRE! le que daba grande a aquella cosa; solo era otro supermacho de los muchos que hay y que ahora estrenaba su último objeto de lujo: el mejor traje de madera jamás visto.