Aunque sientas que te han sacado las entrañas por la boca,
anidándose el negro de la noche en tu pecho y el amor que te ofreció
fue un sofisma, un arado, para sembrarte de agujas el cuerpo.
Aunque apedreara tu autoestimay haya roto el escaparate de tu sexo. Tapiado tus noches con desvelos, y cubierto de metales tu lecho, a pesar de que le entregaste tu cuerpo y alma sin factura jugándote la moral en un trapecio.
Aunque quieras arrancarte el corazón para lanzarlo al fondo del océano y los pétalos que te cubrían los ojos se marchiten por su desprecio. Si tu alma es un templo profanado que hoy se ahoga en el silencio ¡No se permite morir de amor! Aunque te sigan arañando sus besos.
Y si la conciencia te entrampa saturada de instantes de fuego y las lágrimas siguen filtrando
la tropa de penas que llevas por dentro, Y te sientes culpable de ceder tan fácil ante el motín de su embeleso. Si bien supiste desde el principio que esta aventura terminaría en esto...
¡No se permite morir de amor! Ya no hay Capuletos ni Montescos