Nos quedamos con la sensación amarga de que el tiempo contigo no fue suficiente, de que aún te quedaban muchos pasos por dar a nuestro lado. 78 años se sienten tan pocos cuando se trata de alguien a quien se ama con el alma. Aunque el cansancio de tus pulmones apagó tu último suspiro y nos arrebató tu presencia física de golpe, tu amor permanece intacto en cada uno de nosotros. Hoy levantamos la mirada, dejamos ir un beso hasta el cielo y te prometemos que en esta familia tu recuerdo seguirá vivo por siempre.
Un beso al cielo
Pensábamos que te quedaba más camino,
que el tiempo nos daría otra mañana,
que la vida no cambiaría de destino
al abrir nuevamente la ventana.
Tus setenta y ocho años eran vida,
eran historia, fortaleza y abrazo,
por eso hoy nos duele esta partida
y el dolor de tu ausencia paso a paso.
Tus pulmones no pudieron resistir,
el aire se fue volviendo más pesado,
y en un suspiro te tuviste que ir,
dejando a tu familia desolada a tu lado.
Papi, qué difícil es decirte adiós
cuando aún te esperábamos en casa,
cuando nos falta el tono de tu voz
y la prisa de la muerte que no pasa.
Pero sabemos que ya no hay sufrimiento,
que descansas en una paz profunda y pura,
y aunque el alma se nos quiebre por dentro,
tu recuerdo será siempre nuestra altura.
Enviamos un beso al cielo, con amor,
buscando las estrellas en la nada,
para decirte, Papi, que tu calor
se queda para siempre en la mirada.