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Algún día la ventana de mis ojos cerrará para siempre su fulgor luminoso.
Algún día mi amable sonrisa será sólo dibujo en fotografía.
Algún día mi voz se fundirá en murmullos de viento solitario.
Algún día dormirán mis letras atrapadas en sentimientos apasionados.
Algún día partiré de mi carnal vida vestida de blanco, como novia altiva yendo al altar eterno con un ramo de historias de mi jardín.
Llegado ese momento, solicito que en mi EPITAFIO se transcriba:
Fui mi propia voluntad, edifiqué mi verdad, desfallecí en cada uno de mis errores, surgí mansa pero con soberana dignidad.
Lamí mis saladas heridas y agregué miel a los sinsabores de la vida.
Fui arquitecta anónima sin honores, elegí ser sólida en el amor:
Yo, mujer, madre, compañera y amiga.
Mi alma descanse en paz.