“Lo importante es creer, mientras tiene sentido tu vida…”
Saludos Amigos. En esta época, nunca estará de más, llevar a la palestra el sentimiento de regocijo que nos envuelve el compartir regalos en noche nueva. Por ello, dejo una corta reflexión sobre lo que es, creer en el niño Jesús. Esta es mi historia. A continuación, el texto para su consideración y comentarios.
A mis cincuenta y siete años, después de pensarlo mucho, deseo dejar plasmado por qué creo en ti. Consumí parte de mis noches y porque no decirlo, parte de mi rutina diaria, para llegar a la determinación de escribir una pequeña reseña sobre la fe. Mi fe en época de Navidad.
En primer lugar, quiero decirte que nuca he dejado de creer en ti. A cambio mis hijos desde hace tiempo dejaron de hacerlo, la ilusión por enviarte una carta disminuyó, o simplemente, desapareció en ellos. Además, todos los años me burlan como “disco rayado”, porque les digo que el niño Dios existe y por ello preparo mi carta todos los años pidiendo el regalo que merezco.
Fue mi experiencia de vida. Un 19 de diciembre, sucedió con mi hijo mayor, que para ese entonces era único. Él había pedido de regalo un juego de los llamados Nintendo, muy costoso para la época y yo, no percibía la remuneración suficiente para adquirirlo nuevo, por lo que decidí buscarlo entre las amistades alguno usado.
Conseguir uno en excelentes condiciones y a un costo razonable, sin embargo, no contaba con la totalidad del dinero para trazar la negociación.
Ese 19 de diciembre era el último día de trabajo debido al asueto navideño. Tenía que regresar a casa y el vendedor me daba plazo hasta esa tarde para comprarlo. Les puedo contar, el estrés era mayúsculo porque no había reunido el dinero.
Sentí depresión. No Salí de mi oficina, miraba a cada momento el reloj. Pensaba en la frustración de regresar sin la encomienda.
A la hora de la salida, con una tristeza marcada en mi rostro, comencé a recoger todo para partir a mi hogar. Sin nada en las manos
Recuerdo muy bien que le pedí a Dios me ayudara a interceder con el niño Jesús para resolver mi apuro. Suspiré profundo y aplaqué mi mente.
Sentado, inmóvil en el escritorio, respiraba aire lleno de tristeza. Levanté la cabeza y miré hacia la puerta cuando vi el acercamiento de una persona. Me saludó. Por mi estado de ánimo yo solo lo escuchaba.
-¿Cómo estás? - me dijo y continuó – Pasaba frente al edificio y recordé que por tus servicios, te quedé debiendo haces más de un año, tus honorarios - Mientras hablaba mis ojos iban creciendo, no recordaba nada de aquella deuda.
Termina de entrar al cubículo y se sienta frente a mí, prosigue - Sentí que debía saldar esta deuda, así que, con esto quedo en paz, aquí lo tienes - Aquella persona saca de su bolsillo una cantidad de dinero en efectivo. Cuando me dijo el monto no lo podía creer. Era la cantidad de dinero necesaria para cubrir el monto total del regalo. Milagro de Dios.
Le agradecí con una sonrisa, el hombre se marchó. Después, con el dinero en la mano no me quedó más que llorar. Así estuve por cierto tiempo.
Realicé la llamada para buscar el Nintendo.
Ya camino a casa, reflexiono sobre lo ocurrido.
Como dudar, que el niño Jesús existe.
Les digo a los que dejaron de creer en estos tipos de milagros, y especulan de quienes dejan los regalos en el árbol o pesebre son simples seres humanos. Pues no es así, el niño Dios obra, en el momento preciso, para darnos y enseñarnos a convivir con la Fe que tenemos.
Gracias a Dios, por permitir estas cortas líneas para hablar y gritarle al mundo que a mis cincuenta y sietes años aún escribo mis cartas comenzando así: Querido niño Jesús. Creo en ti…