Todo era muy, pero muy distinto.
Desde ese momento, me imaginé que nada sería igual. No tuve la menor noción del tiempo que me encontré solo, desde luego, era mucho más que una enormidad.
Entré en razón cuando abrí los ojos fuertemente, para despabilarme por el sueño profundo en el que había caído.
Quedé inmóvil.
Ya no soñaba. Miré alrededor. Las luces estaban encendidas, pero por las ventanas visualicé que el día había iniciado.
Giro levemente la cabeza. Duele groseramente. Eso me ocurrió anoche y me aplaqué un par de horas más. Aunque no pasó nada, todavía me duele tanto como ayer.
Recuerdo cuando diez segundos después me metí en la cama. Con los nervios a flor de piel, no puedo mentir que estuve muerto de miedo cuando me percaté que no alucinaba. Desde allí todo comenzó a ser real.
Así como se veía su piel, la sentí, suave y delicada, tan sutil como una pluma de ganso. No logré escuchar su nombre, aunque lo repitió varias veces.
Anoche, en la oscuridad del cuarto le permití se acomodara a mi lado. Siempre supuse que, si era un sueño, no quería despertar de él, lo que deseaba era que estuviese a mi lado acariciándome como lo venía haciendo.
Me hizo transitar por un universo de sensaciones, nada normal. Me gustaba sentirla. Casi desnuda se entregaba. No me imaginé que sería tan placentero el encuentro.
Sus cabellos ocultaban parte del rostro, aunque no era importante, solo con su presencia me conformaba.
Tendido en la pequeña cama que me acompaña desde hace 16 años, estuve quieto. Ella arrescostada a mí lado, trasladaba sus dedos a lo largo de mi endurecida piel.
El encanto se acabó al escuchar un grito proveniente del cubículo del frente.
-¡Déjame dormir… Loco de la mierda! - hice caso omiso a esas palabras porque ella aún estaba conmigo y era lo importante.
Yo solo la disfrutaba.
Inoportunamente encendieron las luces. Llegaba la hora para la primera requisa nocturna. Mi desespero fue grande porque no quería que la vieran. En ese momento caí en cuenta que ya no estaba.
Entonces, nada era igual. El dolor de cabeza se hizo permanente. Ahora pasaré más tiempo acostado, obligándome a una quietud para hacerla regresar como anoche.
Mis días en esta celda están contados. Es la compañera que no se apartará de mí, porque solo existe en mi memoria, la mente desquiciada de un asesino en serie…