Estábamos solos, nada ni nadie nos podía molestar, tal cual nos gustaba. Allí en lejanas tierras siempre cubiertas por nubes en movimiento.
El Sol resplandecía sobre todo, sobre las montañas, el agua, las plantas, las algas e incluso sobre nuestros cuerpos. Solo fue un instante para un recuerdo eterno.
[Foto Propia]
Todo a nuestro alrededor era salvaje y estaba vivo, se libertad vida por todos lados, pero también calma, tranquilidad, sosiego…
En aquel momento decidimos entrar al agua, refrescarnos, sentirnos más vivos, más conscientes del momento que vivíamos hasta alcanzar y pensar en la felicidad.
Esa especie de jungla bajo las aguas nos causaban un enorme respeto, el no saber qué se ocultaba entre las algas, el desconocimiento que teníamos acerca de lo que allá abajo acontecía.
Definitivamente este era nuestro planeta, el elegido para pasar el resto de nuestro tiempo juntos.