La aventura se estaba alargando mucho más de lo que pensábamos y de lo que deseábamos, fueron duros meses navegando el cauce del laberíntico rio y aún no habíamos hallado nuestro “tesoro”.
Algunas pistas nos indicaban dónde podía estar, pero a pesar de que no parábamos de seguirlas, nunca las alcanzábamos, se estaba convirtiendo en una enorme carrera hacia ninguna parte.
[Fuente](Foto Propia)
El cielo se abrió en el horizonte y un enorme rayo de sol se coló por entre las nubes, parecía otra señal inequívoca de que debíamos ir hacia donde esa especie de inteligencia superior nos trataba de indicar.
La potente luz procedente del cielo se posó sobre un lugar muy concreto de la orilla del largo río, debíamos ir hacia allí a pesar de nuestras pocas esperanzas, ya que no era la primera señal que recibíamos del “más allá” y todas terminaron, más por ser una prueba, que una señal verdadera de nuestra meta final.
Pero seguíamos sin perder la esperanza, sin perder eso a lo que llaman fe, solo nos centrábamos en completar nuestra misión, fuera lo que fuese, sin mirar atrás y a sabiendas de que mientras no la pudiéramos terminar no podríamos dejar de buscar.