Un enorme ejército compuesto por palmeras formaban delante de mí. Era intimidador a la par que bello. Pero… ¿Qué hacían allí?
No parecía que pudiese llegar a ser un capricho de la naturaleza, como ya sabemos ésta tiene incomprensibles e inquietantes caprichos, pero este no era uno de ellos.
[Fuente](Foto Propia)
Al final de la formación se podía ver la luz del Sol, pero sin embargo, detrás de esa luz parecía haber un ejército aún mayor. Además estaba compuesto por tal cantidad de miembros que la luz no penetraba por los laterales.
Decidí permanecer inmóvil, observar la formación, contemplarla, igual que ellas parecían hacer conmigo.
Al cabo del rato comencé a acercarme a ellas y caminé por su interior, cada vez estaba todo más oscuro y silencioso. Todos los posibles estímulos externos desaparecieron y fue como si me hubiese adentrado en su mundo.
Había llegado a su hogar, uno compuesto por cientos o tal vez miles de miembros, todos ellos obligados a permanecer en formación para el resto de los tiempos.
Si la naturaleza tiene sus caprichos, el ser humano también tiene los suyos, y este es uno de ellos.