A pesar de la contundencia sonora, cada una de las notas musicales expulsadas por aquellos instrumentos, conseguían crear una maravillosa armonía. Los sonidos iban sucediéndose sin pausa, y poco a poco la individualidad se convertía en un compacto conjunto que envolvía todo lo que a su alrededor tocaba.
El público miraba atónito, se encontraba dentro de su zona de influencia sónica y era algo que se notaba en sus cuerpos, sus miradas, sus almas infinitas ante la majestuosidad de lo allí vivido.
Un repentino cambio rítmico alteró a la multitud, algunos saltaron ante tal mutación, pero a pesar de eso, la armonía reinante en el conjunto siempre conseguía mantener a todos en un estado de orgasmo inducido ante la gran belleza desplegada.
Las canciones iban pasando y con ellas aumentaba la intensidad musical, el público se convirtió en una masa informe y despojada de sus ropas, que se movían al unísono como si de un solo ser se tratase. La música se convirtió en algo hipnótico, el nuevo “ser” no podía parar, todos sus sentidos estaban puestos en el escenario, todo lo que le interesaba en la vida estaba delante de él, deleitándolo con sus mágicas vibraciones electrónicas.
Llegado a ese punto, parecía no haber retorno, todos los asistentes se encontraban ahora a las órdenes de lo dictado por la música y al mismo tiempo al capricho de unos músicos, que habían conseguido llevar a cabo una especie de encantamiento mágico, un encantamiento del que nadie había conseguido escapar.
La banda hacía que su música se introdujera en sus cabeza de forma suave, placentera y que se enraizara en sus cerebros, el cual, comenzaba a producir dopamina, serotonina, endorfinas además de otras sustancias psicotrópicas de forma masiva. Con lo cual conseguían alcanzar un alto grado de excitación y de éxtasis hasta llevarlos de forma armoniosa a un estado de nirvana inducido y a anular las voluntades de todos los asistentes al acto.
El público emanaba felicidad de forma extremadamente visible, nada les parecía preocupar en esos momentos, la locura se había apoderado de todos y nada podría llegar a pararlos.
De repente la música dejó de sonar y con ella se desató otro tipo de locura, pero esta era una locura cruda y violenta, todos los asistentes abandonaron el recinto y corrieron por las calles en busca de sangre que saciara su pérdida del nirvana, su paz anterior.
La banda recogió sus instrumentos y continuó con su gira en pos de alcanzar sus sueños, un ejército de fieles seguidores de su perfecta, al tiempo que nociva, armonía musical.