No les mentiré, he pasado lo bello de la vida en muchas facetas de mi, no se si fue por mi antiguo trabajo, o porque siempre le di prioridad a mis responsabilidades, pero ese pequeño fragmento de mi ser, ese que tenía como misión, VIVIR, parecía haberse desvanecido.
Es increíble, pero todo mi brillo se iba dispersando, cada vez, la rutina me devoraba de un bocado, y cuando parpadeé, ya había perdido 10 años de mi vida, esa vida que mis padres se preocuparon porque viviera, ahora estaba sumergida en cubículo de 2x2.
No sentía que debía salir de ese agujero, después de todo, mis necesidades básicas estaban cubiertas, al menos eso pensaba yo. Tenía un techo donde dormir, y comida caliente en la mesa, para tener la energía suficiente y así, volver al trabajo con la mejor actitud.
Lamentablemente, todo correspondía a un frío ciclo repetitivo y sin fin. Recuerdo que una vez enfermé, y no podía asistir a la compañía, así que notifiqué a la administración, y obtuve una extraña respuesta, pero contundente:
"Lamentamos oír su situación Sr. Scott, esperemos que se mejore pronto, de momento le decimos, que de no poder asistir hoy, puede pasar por sus cosas cuando se sienta mejor, ya que podremos prescindir de sus servicios, tenga un buen día".
Fue lapidaria esa respuesta, realmente no podía levantarme de la cama, pero como pude, me vestí y ese día asistí, tenía una tormentosa fiebre que calcinaba mis huesos, pero aún así pude terminar el trabajo. Como recompensa, ese día me dejaron irme 15 minutos antes. Toda una hazaña. Aunque bueno, esos 15 minutos los descontaron a final de mes.
Por años esperé un ascenso, después de todo, llegaba temprano, y me iba tarde. Me perdí fiestas y celebraciones familiares, y no dejaba de cumplir con mis deberes. Si alguien estaba calificado para un ascenso, ese era yo, aquel que había salvado a esa empresa en varias ocasiones.
Se acercaba el día de anunciar los cambios que la compañía necesitaba, yo estaba ansioso, después de tanto pesar, tanto sudo y lagrimas, mi vida daría un giro de 180 grados, y finalmente tendría el prestigio que tanto me merecía. Pero en fin, las cosas no son como siempre se imaginan... ¿no?
De lo mas curioso que recuerdo de ese día, era ver al hijo del jefe con un costoso traje en la sala de juntas, sabía que se había graduado, pero no por inteligencia, sino por mero poder paternal, pero que importaba, era mi momento de triunfar.
Fue duro escuchar lo que escuché, pero el hijo de mi jefe se quedó con el puesto. Sin méritos, sin conocimientos, sólo por ser el hijo del jefe. Yo estaba anonadado, todo se desvanecía. Mi ira se iba acrecentando mientras lo oía pavonearse al tarado hijo de mi jefe en la sala de juntas. Luego de aquella reunión, mi jefe me llamó a su oficina. Al menos esperaba una aclaratoria.
Una vez dentro, fue tajante y directo:
"A partir de mañana, Rodney será tu jefe, pero tú no estarás en tu puesto habitual, ahora serás su asistente, pero dadas las dificultades que hemos pasado en la empresa, te hemos rebajado el sueldo a la mitad, y tu seguro dental queda cancelado"
Es curioso, me hablaban de crisis, pero ese sujeto llegaba en un auto distinto cada día. No me lo creía, mi mundo se venía abajo. Sólo podía fingir una sonrisa, así que me di vuelta para salir. Ahí habría acabado todo, pero lo dijo...
"Y recuerda, no te pago para que andes perdiendo el tiempo, mañana te quiero a las 6 de la mañana para que organices todo en la oficina de Rodney"
Eso fue suficiente, exploté, sin duda exploté, hice lo que tenía que hacer, y ahora como saben, me quedé sin trabajo, pero esa mugrosa empresa, se quedó sin jefe. No me arrepiento de nada. Sí, de nada, verlos arder en ese auto fue placentero. Que desperdicio, porque ese auto si me gustaba.
En fin, jamás me sentí tan libre que estando tras las rejas.