Flor imperial

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Lo siento, esto no se trata de póker, más aún sabiendo que ni siquiera entiendo ese juego. Esta vez, la flor imperial es precisamente ella, quien me recuerda a esa valiosa flor que ha sido tan preciada durante tanto tiempo.

Y es que todo lo que siento por ella, lo represento con este sutil objeto. Y como no, les insisto, no me refiero a la sucesión de cartas que forman una jugada en el póker.

Soy un trotamundos, y trato de conocer cada espacio que visito, y lo que representa. Pensar que una pequeña flor pudiera representar mi suerte en el amor, suena extraño, pero con el tiempo, evolucionó perfectamente

Pero antes de seguir, un poquito de historia para quienes me leen. Fue en "La ciudad de los Crisantemos" cuyo nombre en español les debo, donde se comenzaron a cultivar estas bonitas flores. Por eso se debe su nombre "Crisantemo". Hasta el gran Confucio llegó a mencionarlas.

Fue tan popular y bonita, que llegó a Japón y a un emperador le gusto tanto, que comenzó a adoptarla como sello imperial, de ahí es que proviene ese nombre de la realeza, y así me gusta llamarla así: Flor Imperial.

A mi amada que ya no está, le encantaban estas flores en particular, y siempre se las regalaba, porque cada cosa buena de ellas, me recordaba su adorado rostro.

Se los regalé cuando fuimos amigos, porque simbolizan una bonita amistad. Le di Crisantemos rojos porque simbolizan el amor, y así ella entendió que iba en serio.

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Le obsequié amarillos, cuando abrió su pequeña escuela, porque así le daría abundancia y felicidad, y a ella le encantó.

Y hasta le di blancos cuando enfermó, porque así le obsequiaba salud en forma de una bonita flor imperial.

Cuando ella partió de este mundo, todo se vino abajo, y decidí viajar por el mundo, buscando vivir la vida que no tuvimos juntos, y sobre todo para no recordar esas bonitas flores, que me hacían verla en cada lugar.

No fue sino hasta que visité España, que mi mundo cambió para siempre, porque en la inmensidad de este planeta, conocí algo impresionante. Aquella hermosa flor que yo regalé con tanto amor y devoción, también tenía su significado en aquel lugar. Le llamaban flores de cementerio, porque eran las utilizadas para llevar a los seres queridos en su lugar de descanso.

No me pude contener, durante 5 años viajando, me prometí no volver a comprar ni a mirar una Flor Imperial, porque me recordaba tiempos más radiantes, pero el saber eso, me motivó a volver a casa, y visitar a mi amada quien ya descansaba en paz, para poder regalarle un ramo, de esas flores que le sacaban una bonita sonrisa.

Cada verano voy con un ramo, a recordar esos bellos momentos del pasado.

Amistad, abundancia, amor, y despedida, todo representado en un flor que me recuerda cada etapa de mi vida vivida con ella. Gracias por todo, mi Flor Imperial.

-Memorias de Antoine Laurent. 1972

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