En Transparencia internacional definimos la corrupción como el abuso del poder publico para alcanzar fines privados. En aquellos entornos sin una fuerte base de ética publica, y donde las autoridades no se encuentran sometidas a sistemas de control y rendición de cuentas, se generan incentivos y espacios para cometer actos de corrupción.
Por esto, luchar contra esta tiene que ver con controlar al poder y formentar valores públicos.
La mejor receta para esto consiste en un enfoque holístico que contemple la promoción, evaluación y el fortalecimiento de lo que llaman Sistema Nacional de Integridad.
El Sistema Nacional de Integridad son todas aquellas instituciones y practicas que funcionan de manera interrelacionada en un país para proteger a la sociedad de la corrupción. Si el sistema depende de una o pocas instituciones, como podría ser la figura del un dictador este sera débil y correr el riesgo de colapsar. Para establecer un Sistema Nacional de Integridad debemos pensar en la rendición de cuentas horizontal; donde el poder este distribuido, ningún actor en particular detente un monopolio y todos sean individualmente responsables.
La corrupción existe en todas las sociedades. Algunas disponen de Sistema Nacional de Integridad bastante desarrollados y por tanto, con la capacidad de reaccionar frente casos de corrupción con las debidas medidas y sanciones. En otras sociedades, aquellas con instituciones débiles y politizadas y con apenas separación de poderes, se puede hablar de una corrupción endémica, en muchos casos esto se combina con élite muy fuertes y cerradas y una crónica falta de acceso a la información publica, lo que dificulta las posibilidades de control de poder.
En resumen, la corrupción no tiene origen único, por lo tanto es un problema multidimensional en el mundo.