Es un poema propio que escribí una madrugada en la que los mosquitos no me dejaban conciliar el sueño, está lleno de desesperación y enojo, sumado al descanso interrumpido.
Toda la noche, toda la noche manoteando,
pegándome en la cara, en los brazos,
mientras ustedes aprovecharon
cada centímetro de piel sin cobija,
pero esta bien,
porque después de perder la esperanza
de alcanzar algunas horas de sueño,
y luego de encender la luz por última vez,
a las cuatro de la madrugada,
su sangre, tan preciada,
se secará en las paredes,
se secará en las suelas de mis cholas
y se secará en mi mano.
No descansaré, no por odio, ni por rabia,
sino porque ustedes no me dejarán.
Con cada picada se hicieron más pesados y lentos,
ya es casi de día,
pero ustedes no verán el amanecer.
¡Gracias por ver y por el apoyo!