Sólo unas horas antes se hallaban todos incluyendo a Vitus en el despacho de Robbert. El viejo Vitus se acababa de recuperar de ver a su otro guardaespaldas cortado en trozos y fue quizá esto lo que lo hizo cooperar de una vez con los señores de las espinas. Eran seis de ellos contando a Robbert quien estaba tecleando en el ordenador mientras hablaba de la data de Vitus; Kassia estaba al lado de Landert como siempre, con su cabellera negra y larga a media espalda, brillaba en ocasiones. Ella no decía nada sin embargo. Glen había sido ordenado custodiar al viejo. Él tampoco se sentía feliz conque tuvieran que descuartizar a otro pobre diablo. «Hay formas de torturar a un hombre para que hable» hubo argumentado él, a lo que Kashimir, otro de los seis respondió: «nosotros no sabemos torturar, tú serías el peor, por alguna razón a veces actúas como un héroe, o como alguien con mucho honor y la gente así no sirve para aterrar los corazones de quienes no lo tienen». Glen sabía que eso era verdad y no contraargumentaba. A Melia, la última de este grupo, también tenía discrepancias con los métodos aunque también estaba de acuerdo que alguien con el historial de Vitus Aeolia merecía algo peor para sí. «Podríamos haberlo cortado a él lo suficiente para que hablase. Él ha destruido familia. Ha quemado hogares enteros, sus hombres podrían ser inocentes…» «Sin embargo, Melia, quienes se regodean con el diablo también se contaminan de este; todo lo que esos hombres obtienen de ganancias lo logran a través del sistema de Vitus, también se merecen un castigo» Kashimir respondía. Siempre estaba pendiente de las inquietudes de todos los miembros del grupo de estos seis, y de los demás que conforman a los señores de las espinas, no obstante, los que descuartizaron al guardaespaldas como verdugos acostumbrados a su trabajo, no mostraban ni satisfacción ni tampoco malestar alguno.
—Ya tenemos acceso a su plan, muchas gracias señor Vitus, ha sido de gran ayuda—dijo Robbert.
—¿Piensan dejarme ir?—Preguntaba el viejo.
—No, aún falta continuar con la otra parte, me tramo que muy temprano para usted—volvía a decir Robbert.
—Sin embargo—comenzaba a decir Landert mirando a la pantalla de Robbert— por lo que puedo ver este plan que usted mismo ha creado no podrá ser ejecutado hasta dentro de exactamente dos meses, precisamente en la noche de los muertos. Quizá deba pensar en sentirse más cómodo con nosotros.
—No creo poder serles de más utilidad…
—Sí, sí que puede serlo—interpuso Robbert. El viejo lo miraba perplejo. —Se comunicará con la banda del desierto y les dirá que por alguna razón que ya le comunicaremos no pudo asistir a la cita de hoy, no obstante, enviará estos mismos planes a sus clientes, y me refiero a tal y cómo están, sin ninguna modificación ni alteración.
El viejo tragó saliva y asintió con la cabeza. —No sé qué tengan en mente, pero…
—Pero si aprecia su vida y la de su hija, cosa que los tipos como usted suelen hacer aunque sea un cliché, lo hará—amenazó Landert.
Un momento después a fuera Landert puso su mano sobre el hombro de Glen.
—¿No tienes un diario que escribir?—Preguntó a Glen. —Este será un pasaje muy interesante.
—No el más interesante ni el mejor—le interrumpió. —Sin embargo, nuestra búsqueda se resume a esto. Podemos ser mejores que la banda del desierto y que cualquier otro grupo en la ciudad—Glen miró a los ojos de Landert, por detrás apareció Kassia con bandejas plásticas de comida para llevar y les entregó a cada uno. Landert le ordenó que le esperase en otro sitio. Después de la interrupción, Landert continúo con el tema:
—Nos hemos embriagado con este sueño por mucho tiempo, no hemos perseguido otra cosa, no hemos buscado ni dinero, ni mujeres, no nos hemos embriagado tampoco con el pequeño poder que hemos conseguido, aunque hemos hecho cosas terribles…
—Cosas que jamás cambiarán y que siempre nos harán ser los pedazos de mierdas que somos—interrumpió Glen. —Hay quienes aseguran que el tiempo es una ilusión, que el pasado y el presente son meras ilusiones pues no hay certeza de ellos, pero si fuera cierto por qué cargar con los resquemores de nuestras memorias. El hombre siempre quiere cambiar cuando ya es demasiado tarde.
—Si el hombre pudiera cambiar algo, ¿lo haría, Glen? ¿No es más cómodo dejar las cosas como ya están? Poder enmendar un error del pasado mágicamente es permitir la posibilidad de que se cometan muchos otros y caer así en un circulo vicioso; no somos seres de luz sin embargo, necesitamos de la bondad para poder hacer el mal—puso su mano sobre el hombro de Glen— de lo contrario es imposible—y la retiró—. No espero que lo entiendas. Come, descansa y recupera energía. En unas horas debo ir al centro—Landert se retiró de la escena.
—siempre actúas como si creyeras tener todas las respuestas. A veces sólo hay que obrar con maldad, sólo cuando es necesario. —murmuró.
Rugía el motor de la motocicleta al cruzar a través del puente Crysoldia hasta el distrito de bajo Peridoto. El sol de la mañana estaba saliendo ligeramente tibio y agradable aunque no era lo suficiente para combatir contra toda la fría humedad del ambiente. Quizá la mañana podría antojarse soleada, pero era de esperarse a que volviera a llover al medio día. Ya a travesando las calles de bajo Peridoto, se veía el contraste de un lado del puente y del otro. En ambos había edificios coloridos pero la belleza de los colores del otro lado era más nueva, más viva y más refrescante. Las calles de bajo Peridoto aprestaban a sexo, a sangre, a crimen, drogas y prostitución. Vidrios resquebrajados pavimentaban algunos de sus callejones. Las prostitutas salían de estos como cucarachas asustadas por la luz de la cocina. Vendedores de periódicos comenzaban a aparecer en las esquinas de algunas calles. Durante las noches estas calles eran muy diferente, entre la noche y el día la transformación era súbita como rutinaria. Todos los edificios eran modernos aunque ya se encontraban maltrechos; algunas otras calles aprestaban a meados y a pan recién horneado. Nada como las zonas altas de Locrian, que aún conservaban el casco histórico, el bajo Peridoto era una zona en donde en cualquier momento si te descuidabas lo suficiente podían robarte algo en la mañana, o clavarte un puñal justo en el ombligo al caer la noche. La motocicleta se estaciono en un complejo de apartamentos al oeste, se bajaron Landert y Kassia quitándose los cascos. A continuación, se dirigieron hacia el departamento de Alex Silva, pero en el sitio había solamente policías cubriendo una escena del crimen junto a personas farfullando cosas.
—Buenos días, ¿tiene idea de lo que ha pasado?—Preguntó Kassia a una señora rubia con un pijama rosado, su cara mostraba muchísimo cansancio para su edad.
—Han asesinado a un pobre cabrón. A ese tal Alex Silva.
¿!Qué!? ¡Oh, cielos!—Soltó Kassia. Landert se acercó y también otra señora que dijo:
—Sí, a Silva, se habla muchísimo de él. No lo conocía pero lo veía casi siempre. Lo han encontrado muerto en su apartamento, dicen que murió de una sobredosis.
—No fue de una sobredosis—respondió la señora rubia. —Lo ha matado una prostituta, eso me ha dicho el vecino.
Landert y Kassia dejaron a las ancianas cotorrear y se acercaron más a la escena hasta que un policía los detuvo.
—¿Qué le ha pasado a este hombre?—Kassia preguntó al policía.
—Aún no sabemos todo lo ocurrido, pero lo han matado a golpes.
—¿A golpes? ¿A un hombre tan grande? Habrán tenido que ser varias personas.
—Estamos por interrogar a las bandas locales. ¿Ustedes conocen a este sujeto?
—Sí, le conozco, es un amigo de nosotros—dijo Landert.
—Ahora mismo están recogiendo el cuerpo. Se lo llevaran a la morgue hasta que alguien pueda hacerse responsable de él. No hemos podido dar con ningún familiar. Por favor, si conocen a alguno no duden en acudir.
—Entremos al edificio a preguntar por el casero—dijo Landert a Kassia ya habiéndose alejado de los policías. Dentro del complejo de apartamentos, había algunos rostros asustados; era poco probable encontrar alguno que estuviera afligido por la muerte de Alex Silva; Landert miraba a los ojos de las personas pero nadie había visto nada. Kassia preguntó por el casero, era una mujer estaba en el piso seis, subieron por el ascensor y tocaron la puerta de la casera insistentemente hasta que abrió la puerta tímidamente sin dejarse ver ni dejarlos pasar.
—Hola, buenos días—saludó Kassia amablemente.
—Buenos días—respondió la casera de forma mecánica.
—Somos conocidos de Alex Silva, su inquilino, ¿podemos hacerles unas preguntas?
—¿Son polis?
—N-no…—la puerta se cerró delante de ellos. —Por favor, queremos hablar—insistió Kassia haciendo voz de tristeza y de desesperación, después de un rato la puerta se abrió y la casera los dejó pasar con cautela. Kassia ya conocía la rutina, o más le valía conocerla, debía hacer preguntas sencillas que no alargaran demasiado la conversación para evitar caer así en un punto muerto de aburrimiento; a Landert no le importaría irse pero Kassia insistía en la cordialidad.
—¿De casualidad vio algo anoche?
—No—contestó rápida y tajantemente. —Anoche sólo escuché ruidos de la casa de ese cabrón… Que en paz descanse.
—¿De casualidad le debía la renta?
—No. Pagaba puntualmente, pero era un tipo de lo más desagradable en especial cuando bebía, pero entre todos los inquilinos es el único que nunca dio problemas con los pagos.
Landert miró a la mujer directamente a los ojos, colocó su mano sobre el hombro de Kassia y lo apretó. —Cuando supe algo fue que estaba tirado en el suelo en la calle, pero luego nadie vio a nadie entrar o salir.
—Le creo. Parece ser algo paranormal—dijo Landert. —Últimamente están ocurriendo sucesos extraños en todo el país, criaturas extrañas en los bosques, en los ríos y en las montañas; fantasmas que asesinan a personas importantes y a cabrones y que luego desaparecen sin dejar rastro—La mujer asintió con la cabeza.
—Sólo hubo ruidos de pelea, de cosas cayendo y rompiéndose; ya había ocurrido antes que ese imbécil se pelease con alguien dentro del apartamento; una vez lo hizo con unos sujetos de una pandilla local, y en una ocasión con unas mujerzuelas…—miró hacia la sala donde estaban sus hijos jugando con la consola—era un mal ejemplo.
—¡Qué desgracia —Soltó Kassia y poco después salieron.
—Lo que dice ella es cierto, no vio nada, no vio a nadie. No parece haber escuchado nada fuera de lo usual. Nosotros tampoco podemos entrar. Ese trabajo será mejor para Glen que para nosotros—Landert se recogió el cabello.
—¡Siempre te recoges el cabello para pensar!
Más tarde esa mañana en un pequeño café traían de esta infusión junto a unos sanduches. La mañana era más cálida de lo que se podía esperar.
—He llamado a Kashimir y a Glen para avisarles de la muerte de Silva—dijo Landert mientras bebía café. —Puedo entender que Alex tuviera enemigos, al menos más de lo que una persona idiota pudiera permitirse, pero si las circunstancias de su muerte son como las describió ese policía, entonces son más extrañas.
—Alguien entró a su casa y le dio una paliza hasta matarlo.
—Lo arrojaron del sexto piso del edificio para rematarlo—agregó Landert. —Era extraño que estuviera su cuerpo en la calle, así que hice un par de preguntas más para no quedarme sólo con esta hipótesis —Landert volvió a beber del café y probó un tímido bocado, dentro de él comenzaba a florecer nuevamente mucho dolor, tristeza y rabia. Era lo mismo en las voces de Kashimir y de Glen cuando logró comunicarse con ellos.
—Lo siento mucho, él era muy significativo para ti. Él se hizo ha hecho cargo de ti desde que eras un niño—Kassia puso su mano sobre la de Landert, unos segundos después él la apartó torpemente.
—Nos dio casa e identidades bajo nuestros nombres a mí, a Glen, a Kashimir y a Robbert. Ahora sólo queda buscar a su asesino, aunque primero hay que darle un funeral digno—había resolución en la voz de Landert, sin embargo, esto también lo ayudaba a consolarse bajo un hecho muy importante: de momento no sabía nada, y menos sabía cuándo podría obtener alguna pista sobre lo sucedido. Ese juego de sombras que es moverse a través de un misterio lo motivaba. Kassia por su parte lo miraba a los ojos con asombro. Casi siempre lo hacia pero podía ver a través de sus ojos distintas etapas de su personalidad como distintas son las etapas de la Luna de acuerdo a las noches. Sentía una especie de compasión y de admiración hacia él que rayaba en lo obsceno. Las personas son siempre muy parecidas a las calles de las ciudades o de los pueblos en los que habitan.