Buenas de nuevo, me gustaría proponeros un proyecto grupal que tengo en mente desde que ingrese a Steemit.
Os planteo el inicio de una historia y me gustaría que en los comentarios me propusierais maneras de continuarla, forma de ser para los personajes, todo aquello que os haya venido a la cabeza durante su lectura (cuanto más loco el pensamiento mejor).
Con vuestras opiniones intentaré continuar la historia y crearé otros post para que este proyecto siga siendo algo conjunto y un poco de todos.
No estoy seguro de qué sucederá, pero creo que puede salirnos algo increíble.
Sin más dilación¡¡¡¡
Caminaban envueltos por la niebla, un numeroso grupo donde la mayoría tenían el rostro como después de romper una piñata. Ya me entendéis, los restos que quedan después de darle con un bate a una bolsa con dibujitos llenos de gominolas. Tenían ese tipo de cara.
Algunos incluso iban dejando pequeños regalos en forma de vísceras y otros restos seccionados del cuerpo.
Su andar no era del todo seguro, movían las piernas sin ningún tipo de prisa ni coordinación, pero constantes, aquellos que todavía las conservaban, claro está.
El resto se arrastraban como podían.
No sabría decirte si llevaban algo parecido a una dirección. No aparentaban tener un líder, dado que se iban chocando entre ellos y creo que simplemente se seguían los unos a los otros.
¿Intuición?, ver a uno de ellos clavarse un alambre de tamaño considerable y seguir balanceándose hacia delante tratando de zafarse durante varios minutos hasta que por fin el trozo de metal desistió en su abrazo al comprender que su nuevo amigo prefería convertirse en un kebap, me arrebató cualquier tipo de duda.
La luz proyectada por las farolas iba y venía. El resplandor del día por fin iba apareciendo, pese a que al sol se le hubiese echo tarde, y se manifestaban brillos escarlatas que serían más propios de un atardecer, producidos por los primeros rayos al alba que revotaban sobre los charcos de sangre.
Varios jóvenes corrían, uno de ellos sujetaba un palo de metal bastante alargado del que se había apropiado durante la huida, y una muchacha ayudaba a andar a un adolescente al que se le estaba escapando la vida por momentos.
Era una persecución donde no vencería el más veloz, sino el que más resistiese. Los perseguidores, bastante más numerosos, no parecían cansados, mientras que sus presas se encontraban al borde de sus fuerzas.
Resignados, decidieron subir a lo alto de un edificio, mientras el joven de la vara daba golpes rápidos a los cazadores que bajaron las escaleras dando vueltas y botes, aunque no parecía importarles.
Cuando les hubo ganado el tiempo suficiente, escuchó la señal pactada y corrió hacia arriba, saltando varios escalones en cada empuje. La puerta se cerró al traspasarla y comenzaron a amontonar todo el contrapeso que habían reunido, cogió aire unos instantes y el mismo ayudó a seguir poniendo peso.
Estaban seguros, al fin. La noche se había dilatado tanto que el día parecía haberse contraído.
Sacó su teléfono y volvió a llamar a la policía, la línea estaba ocupada. Se preguntó cuántas llamadas serían necesarias para que eso sucediera.
La presión se había acumulado poco a poco en su mente, como una olla a presión o tus oídos taponándose durante el vertiginoso despegue de un avión, sonaba un silbido intermitente, tenía que acallarlo o se volvería loco y al fin se tapó la nariz e hizo fuerza.
La presión disminuyó y buena parte del pitido desapareció.