Mi participación a "Cuéntame una historia - 2 de Julio de 2023"

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Ilustración propia elaborada en Paint, logo del concurso



Participo en este concurso en el cual debo escribir un relato, invitar a dos amigos de la plataforma (o hacerlos aparecer como personajes en el relato) y hacer una narración en la que aparezcan los siguientes elementos:

Latas recicladas, tortillas de arroz, un tren a toda velocidad

Este es mi relato:

Muchas fueron las latas recicladas que se vio obligado lecumberre@lecumberre primero a recolectar, luego a transformar en hermosos floreros y, finalmente, a vender, para poder tener el dinero suficiente para adquirir la materia prima necesaria y así confeccionar las tortillas de arroz para vender.

-“Esto es un tiro al piso” – comentó a su vecino, quien le vio salir de casa muy temprano sosteniendo en su cabeza una gran cesta repleta de tortillas de arroz – “No tengo competencia” – prosiguió lecumberre@lecumberre – “Nadie por acá está haciendo tortillas de ese tipo para la venta, y esta receta que conseguí con mi tia Nicasia es realmente excepcional”

Con la cesta llena de tortillas y el corazón repleto de sueños partió hacia la terminal de pasajeros. Eran las 5:30 de la mañana y ya algunos rayos de sol se asomaban timidamente entre las blancuzcas nubes que prometían un día frío y, tal vez, lluvioso.

En camino a la terminal debía atravesar la vía férrea. Hacía ya varios años que no veía pasar al tren, este circulaba ahora una sola vez al día y sus horarios no coincidían. Sin embargo esta vez escuchó su sonido característico, aunque apagado por la distancia. Era apenas un puntito en el horizonte que iba aumentando de tamaño gradualmente. Se detuvo y decidió esperarlo para verlo pasar. Momentos similares de su infancia llegaron a su mente anexos a otra andanada de recuerdos gratos de aquella época.

El tren se acercaba a alta velocidad y lecumberre@lecumberre se sentó sobre una roca para contemplarlo comodamente.

Su borrosa imagen, su sonido característico, le hicieron, de alguna forma, reencontrarse con su infancia.

Cuando el tren pasó frente a él, veloz como un rayo, de una de sus ventanas “voló” un bulto que cayó al suelo. Molesto con “esa clase de persona” capaz de lanzar algo al pavimento desde un vehículo sin saber si a mitad de camino se encuentran con la cabeza de alguien y le producen - al menos - un chichón, se acercó, curioso, al objeto y notó que no era una bolsa con desperdicios como había supuesto sino un bolso de mujer, de tela, de confección casera.

Ah, caramba, a una pasajera se le había volado el bolso por la ventana ¿Cómo o por qué? Lo abrió y examinó su contenido:

Un estuche de maquillaje barato, un destornillador…¿Un destornillador? Sí… bueno ¡Qué cosas se pueden hallar en un bolso de mujer! Un capo traste – uno de esos objetos extraños que colocan los músicos a sus guitarras -, una bolsita (aún sin abrir) de caramelos de menta, una pequeña cartera con documentación y un viejo celular – de esos que llaman ahora “gallitos”, de los que no son “inteligentes”-. La pequeña pantalla del mismo estaba cuarteada… No podía saber si por el impacto actual o porque ya la tenía así con anticipación.

Lo manipuló un poco y comprobó que aún funcionaba. Abrió su agenda, revisó la lista de contactos hasta encontrar uno que no decía nombre sino simplemente “mamá”.

De inmediato llamó a ese número, y explicó lo ocurrido a la mujer que le atendió del otro lado.

-“No me extraña que se le cayera, esa hija mía es demasiado despistada y le ocurren las cosas más inverosímiles… capaz que… se le subió una hormiga a la cartera y la sacó fuera de la ventanilla para sacudirla… y se le cayó. Bueno, si usted tiene su celular yo no tengo forma de comunicarme con ella ¿Dónde se encuentra usted en este momento?”

La señora podría haber estado en cualquier lugar, fue una fortuna que residiera apenas en la localidad anterior. Le explicó bien la dirección, le aseguró que le repondría el pasaje “ida y vuelta” se deshizo en palabras de agradecimiento y bendiciones y lecumberre@lecumberre quedó de acuerdo en “acercarse por allá” al terminar de vender su mercancía.

No tenía dónde ocultar el bolso de las miradas de curiosos por tener la canasta llena, así que tuvo que aguantar las risitas que provocaba su fornido corpachón con la cartera de mujer al hombro…rosada y con pequeñas mariposas bordadas en lentejuelas.

Esa tarde, después de su exitosa venta (Ciertamente había sido “un tiro al piso…impelable”) se dirigió al pueblo vecino donde sostuvo un rato de grata conversación frente a un inmensa taza de café “Amanecer”(café del bueno) acompañado de unas rebanadas.

La señora que le recibió se presentó como sacra97@sacra97 y a su pregunta le explicó que su nombre se había originado en el hecho de que sus padres se habían conocido en una iglesia (por eso lo de “sacra”) y el 97 era “el número de suerte de su mamá”.

Esa noche, al acostarse y recorrer mentalmente los sucesos del día se dijo a sí mismo que había sido muy afortunado: Había vendido todas las tortillas de arroz y había hecho una nueva amiga con la que había descubierto muchas coincidencias en cuanto a gustos y preferencias, que estaba sola como él, llevaba su viudez como llevaba él la suya y le había invitado a ir de nuevo el sábado siguiente a “tomar un café” y a conocer a su despistada hija.

Se durmió sonriendo y soñó con un letrero inmenso con las palabras “Hasta aquí llegó mi relato… gracias por su paciencia al leer tanto… espero les haya gustado”



Si deseas participar, haz clic acá para conocer las bases de este creativo concurso.




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