Era curioso ver caminar Feldespato Santos. A sus veintitantos años, tenía el alma de un niño. Caminaba alegre como pato y sonreía a todo mundo. No puedo recordar si caminaba así porque le decíamos Pato o si le decíamos Pato porque caminaba así.
Su padre tenía un extraño sentido del humor, supongo. Los fines de semana decía que se iba a Bustamante hasta que un día no volvió, dicen que su familia en realidad era originaria de Texas. Quien sabe, el caso es que en Bustamante nadie lo conocía.
Historia corta