Mi curiosidad pudo más que la precaución, ante este tipo de servicios. Me registre, nunca imaginé la variedad de perfiles que entraban en mi cuenta, tanto de chicas como chicos. Pronto empezaron los intercambios de palabras en los privados. La mayoría de ellos rápidamente subían de tono, me parecía inverosímil.
Entre tantos privados uno captó mi atención, Pablo 35 años, cuerpo atlético, moreno, ojos verdes y de profesión contable. Pensé parece interesante este chico. Decidí darle una oportunidad y conocerle un poco más para ver cómo era su personalidad.
Empezamos con una conversación muy amena, todo eran risas y juegos de palabras.
Pasaron un par de semanas y decidimos quedar para conocernos a tomar un café.
Estaba nerviosa, era como una adolescente en su primera cita. Me acicalé para el momento esperado, opté por un pantalón negro y una camisa entallada que realzase, mis atributos, un ligero toque de maquillaje y acudí al lugar.
Allí había un chico sentado en una mesa, estaba de espaldas a mí. No sabía si era él, pues no le veía su cara. Tuve que acercarme para verle, desde luego no era el de la foto con el que había estado hablando, estas semanas. Así que me fuí a sentar a otra mesa para esperarle, mientras tomaba un café y jugaba en el móvil.
Al sentarme, escuche mi nombre. Me dí la vuelta, y estabamos solos en el local. No podía ser ¿Cómo sabía mi nombre? -pensé.
Rezando que no fuese el chico de la cita, respiré profundamente y le pregunté ¿Eres Pablo? Sí -respondió mientras se acercaba a mi mesa.
Me sentía incómoda y un poco decepcionada, no tenía nada que ver con lo que me había imaginado. Pero irme y dejarle así, me pareció un poco fuerte. Al fin y al cabo era una persona. Así que por educación, terminé mi café. La conversación no era tan amena como los días anteriores, más bien parecía un interrogatorio sobre mi vida. Cosa que empezaba a incomodarme.
Entonces me tomé la libertad de preguntarle porqué su foto no era la de él, en el perfil que me sentía engañada. A lo que no dudó, en decirme que la foto era de su hermano que le dejaba usar su perfil para conocer gente.
Mosqueada y frustrada, le dije que era un gusto conocerle pero tenía que irme. No me daba buena espina toda esta situación.
Me levanté pagué mi consumición y me dirigí hacía la puerta. Cuando noté que venía detrás de mí, diciéndome que le esperase que quería disculparse si me había hecho sentir mal. Le miré con desconfianza y le dije que tenía que ir a casa de mi hermana, que hablaríamos más tarde, en el chat.
Un poco paranoica me fuí a un supermercado en el que me tiré horas dando vueltas, tenía miedo por si me seguía a mi casa. Pero llegó la hora del cierre y no había más remedio que salir. Me dirigí hacia mi coche, observando cada movimiento que se produjera a mi alrededor. Llegué hasta el coche, cerré todas las puertas y di un par de vueltas por el pueblo para comprobar que no me seguía nadie. Supongo que vi demasiadas pelis de suspense.
Cansada y con ganas de llegar a casa, entré y cerré con rapidez. Entré a la web de contactos y tenía 18 mensajes suyos, que no quise ni leer. Borré mis datos y no volví a entrar nunca más a un sitio de ese tipo. Fue una experiencia muy desagradable.
Un par de años después en las noticias, salió un hombre que sedujo a más de 20 mujeres solteras y les vaciaba sus cuentas corrientes. Y en algunos casos, había llegado a ser violento y agredió a una de sus víctimas por no darle, lo que él quería.
No prestaba mucha atención a la noticia pero al escuchar que usaba la misma web de contacto, en la que había estado registrada, captó mi atención. Al mirar la televisión, vi la foto del estafador. Respiré profundamente y una sensación de alivio recorrió mi cuerpo. Pensé menos mal, no es el mismo de la cita.
Todo fue parte de un aprendizaje para saber que nunca se sabe quien está al otro lado del pc.
Relato original by Sashas.