CONFESIONES DE AMATISTA ¡1!

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Estábamos consumidos, éramos uno, teníamos la respiración agitada y nos movíamos de un lado a otro como dos personas que saben que no se volverán a ver, el placer que me provocaba nunca lo había experimentado, sus movimientos rítmicos y suaves me transportaban a otra dimensión, una dimensión en la que no era más Amatista, era yo embriaga en mi libertad, con mi cuerpo sudoroso queriendo más y más, lo miraba y lo hacía eterno, lo dejaba tatuado en mi memoria como él recuerdo más placentero y doloroso. Paul, que después de unos minutos de penetrarme con su miembro firme por varias ocasiones, también se iba alejando de sí, cada vez más. Con un sonido de éxtasis, pude sentir toda su excitación traducida en un último gemido ahogado de placer, lo notaba en su rostro, estaba alucinante. Envueltos en las sabanas seguimos juntos, queriendo que ese momento fuera eterno, no podía dejar de mirarlo, no quería.
«Eso estuvo increíble»—pensé mientras me acurrucaba junto a él.
Paul se volteo hacia a mi y me observó detenidamente, yo hice lo mismo y así permanecimos, sin decir nada, solo mirándonos en lo profundo, intentando conocernos más, solo observando y así estaba bien. El tiempo, que siempre corría a toda velocidad, en ese momento, se detuvo dejándonos ahí, dos almas unidas en lo más íntimo, animal y puro de la existencia.

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