En un barrio común y corriente, un barrio de calles, luces y personas, vivía una familia. Esta era una familia pequeña y corriente, es que al parecer para contar una historia no se necesita de causalidades, casualidades o personas especiales, las historias crecen en cualquier lugar, afloran grandes o pequeñas, asombrosas o pasajeras, esto depende de su relator; Aunque no siempre el relator diga la verdad o la cuente desde su punto de vista, para este su historia será su única verdad, entonces la historia nunca es la misma, surge algo que llamaremos variaciones, las cuales son versiones del que escuchó o vivió la historia.
Empezaremos con la historia de Juaco. Juaco es un niño aficionado a las historias de vaquero, sueña con el día en que pueda montar un caballo de verdad y este lo lleve a recorrer el desierto para así poder tener grandes aventuras, en donde pueda atrapar a los maleantes y ser un héroe para su pueblo. Un día el padre de Juaco le enseñó a usar su mano como pistola. - le dijo- Juaco pon tu mano así, coloca la bala en tu puño, ahora mira por encima de tu indice, trata de apuntar a tu objetivo, respira y "Pum" dispara. Ese día Juaco aprendió a jugar con su arma invisible y también aprendió a apuntar.
Continuará.
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