Un día más en la casa de Dios, disfrutando de un tiempo de paz, reflexión y aprendizaje. Siempre es un buen momento para hacer una pausa en la rutina, renovar las fuerzas y alimentarnos de la palabra.
Lo mejor de este día fue poder vivirlo y compartirlo en compañía de mi hermana. Salimos con la mente clara, la fe renovada y el corazón lleno de gratitud.