Hoy comparto con ustedes unos momentos de un día muy especial en el que mi esposo y yo fuimos a la iglesia a adorar a Dios. No hay nada más hermoso ni más reconfortante que detener la rutina diaria para buscar la presencia del Señor, elevar nuestras oraciones y renovar nuestro espíritu en gratitud. Disfrutar de la fe en compañía del compañero de vida hace que cada instante sea aún más valioso. Les dejo estas imágenes que guardan el reflejo de un corazón agradecido y la paz que solo Dios nos regala cuando nos unimos en adoración.