EL REGRESO DEL VIAJANTE

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EL REGRESO DEL VIAJANTE

El comienzo de cada día es entre dendritas mohosas, entre pesadas sábanas ajenas,
repasando el monocorde patrón de los estancos y baldíos trances humanos.
Extenderé los brazos hasta el bermellón disforme de los planetas nuevos,
conforme el día se desvela en su inusual opalescencia.

Las ramas manchadas de cal habrán de soportar la inusual carga
de mis viejos y desgastados trucos ya sabidos, ya revelados.
No puedo deshacer la maraña de lanzas entrelazadas como juncos
en el sopor del mediodía, frenando la brisa y produciendo silbidos siseantes.
El trabajo es la guerra.

¿Habrá nuevos derroteros ante tanta brújula rota, ante tanto sextante sin calibrar?
El precioso oro de los ojos de la amada es el único remanso de paz salobre,
de salobre condumio que llena el alma de mañanas, de madrugadas y de promesas.
El mástil que soporta la velas se yergue buscando su viento, su deriva, su sal.

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Mary-Louise Parker siendo ella. Source

Entre lomas, entre olas, entre blondas, el olor rupestre de las ostras frescas
refrescará la nuca de viajero, del bombardero, del viajante que llega al hogar
y entre destellos de hambre y de saciedad, sacia la otra hambre,
el hambre del árbol de la vida que humedece el tronco con lluvia verde,
que vuelve siempre al destello mágico de la verdad obscena, a la ternura
infinita de las infinitas horas de volver a la fuente de toda vida.
De la vida.

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Texto original de Sansón Carrasco

EL REGRESO DEL VIAJANTE | Ecency