Mi corazón se aferra a tu palabra en este día, decido ser dichoso de contar con tu gracia guiadora; decido tener tu consejo y no los consejos de mi mente ni de alguien que no tiene tu guía.
Día y noche, mañana y tarde; cada vez que pueda volveré a tu palabra; volveré a tu consejo, porque desde hoy quiero crecer fuerte y saludable, desde hoy quiero dar fruto verdadero, y el fruto siempre será abundante a la orilla de los ríos de tu amor que fluyen a grandes caudales de las maravillosas palabras tuyas recibidas en lo mejor de tu presencia, en sencilla comunión contigo.
SALMO 1
Dichoso el hombre
que no sigue el consejo de los malvados,
ni se detiene en la senda de los pecadores
ni cultiva la amistad de los blasfemos,
sino que en la ley del Señor se deleita,
y día y noche medita en ella.
Es como el árbol
plantado a la orilla de un río
que, cuando llega su tiempo, da fruto
y sus hojas jamás se marchitan.
¡Todo cuanto hace prospera!
En cambio, los malvados
son como paja arrastrada por el viento.
Por eso no se sostendrán los malvados en el juicio,
ni los pecadores en la asamblea de los justos.
Porque el Señor cuida el camino de los justos,
mas la senda de los malos lleva a la perdición.