Hay un cuerdo muriendo de poca locura pues su cordura es rara en verdad.
Se levanta bien temprano con el sol, bosteza, y sus ojos abren paso a la luz. Luz que se queda atorada en su alma, pues de él, ya no nacen las ganas de querer existir.
Que pobre ser que debe cargar con tan triste pesar. Pobre cuerdo que no sabe aún que se muere en verdad.
Que sabrá, si su verdad es inventada y tan distorsionada por los que pretenden ganar.
Ganarle al tiempo y a la vida buscando mentiras que poder exportar.
"Ya no es necesario soñar", dicen. Y mi cuerdo, que está cuerdo de atar, vaga por las calles desoladas como todos los días buscando una vía de poder avanzar, pues cree tan ciegamente en estas palabras que se lanza a la nada en busca de paz.
Es tan solo otro idiota jugando a ganar mientras lo pierde todo, en ese lugar desolado y tan olvidado como su triste dolor.
Muere de melancolía, muere solo, entre tanta soledad y aunque se rodee de gente se le escapa la mente en lo que pudo lograr, en lo que fue y no es, en lo que era y nunca será.
Es tan solo una asustada presa del consumismo enfermizo y de su propia mezquindad.
No sé si por bien. No sé si por mal, pero cuando el corazón se le rompa, yo voy a ver como lo va a reparar.
No sé si por bien. No sé si por mal, pero ya no es lo que solía soñar.
Hay un loco muriendo de tanta cordura y no encuentra la cura que lo pueda salvar. Aplasta toscamente con sus pies a la vida, se le va la poesía y no la puede atrapar.
Su cara de felicidad, es una máscara en realidad, pues sufre las ganas de no poderse encontrar en su mundo putrefacto y lleno de vanidad, en donde el dinero y la fama no lo han logrado ayudar y ahora es esclavo de su propia ambición y de esa agonía de no tener corazón.
Es otro ser aburrido, es otro más del montón, que se muere y se ahoga, y nadie lo puede ayudar, pues lo corroe la avaricia y lo consume la envidia por los que pueden amar.
Está encerrado entre tanta soledad y se muere de fría y pura maldad.