Una gota de otoño
Todos dicen de Marco que es un niño muy reservado, poco hablador, que su mundo interior debe ser muy rico. Dicen que su carácter introspectivo es su mayor exponente, quizá su mayor virtud. A sus siete años es uno de los mejores en clase. Cursa segundo de primaria y las matemáticas se le dan muy bien, casi tanto como las artes plásticas.
Marco mira por la ventana del aula, ya es mediodía y como sin quererlo, repara en una gigantesca gota de lluvia que el fuerte viento de otoño hace impactar contra el rectángulo de cristal doble insonorizado del colegio de pago al que asiste desde hace dos años. La gota se deforma como el pensamiento de Marco, en un ciclo vital inconcluso. «Yo no quiero regar cristales…», concluyó el niño antes de cerrar los ojos. Oía llover cada vez más fuerte y cada vez más lejos. Era como si viajara a su propio interior a la velocidad del rayo.
Pasó la mañana y Marco subió al coche de su padre sin saludarlo.
- Marco, ¿sabes que hoy es un día especial?... –el hombre sonreía sin mirar al niño- Es el cumpleaños de papá. –su mirada encerraba un tremendo vacío, un vacío impaciente, borroso.
Llegaron a casa, estaban solos. Marco corrió a su habitación, cerró los ojos y como con la gota, viajó a su propio interior tan rápido que ya no podía oír nada, sólo la lluvia. No oyó cómo su padre cerraba la puerta del cuarto, ni cómo desabrochaba su pantalón, dejándolo caer al suelo; ni el suave roce de sus perversas caricias…
por Salvador Flores - @salvao
Marco en su habitación - Fuente
Como autómatas desgastados por el continuo girar de las olas
Este es un microrrelato que escribí y compartí hace más de dos años en Steemit; encuentra aquí la publicación original. He pensado que voy a revisar y ordenar mis textos, mis relatos y mis poemas; corrigiendo aquí y allá, tratando de mejorarlos. Además, un poco de organización no vendrá mal a la hora de tratar de darles uso. Así que los que vaya teniendo listos y/o me gusten, los traeré de nuevo por aquí para conocer sus opiniones.