Más allá de lo que podamos llegar a ser, ya somos. Somos esa atracción extraña que sentimos al hablarnos, esa necesidad de saber del otro, de querernos, de extrañarnos. Es tan infrecuente el querer saber de ti. Aunque esto inicio como un juego, hoy y en estos momentos para mí ya no lo es.
Has creado esas ganas de tenerte, de estar contigo, conversar, tomarnos un café y luego de tener una larga charla con risas y momentos lindos… acercarme a ti, acariciarte el cabello, ver tus labios, decirte lo hermosa que eres; acariciar tu rostro, rozar tus labios con los míos y así besarte lentamente, tan lento… que sientas cuanto había deseado ese momento.
A ella la veo como mi tipo de chica; más allá de su físico me atrae su actitud, su buen sentido del humor, que sea una chica con metas claras, con mucho potencial por explotar.
El momento en el que por fin te tengo conmigo, justo ahí… Mirándome a los ojos, en el que mirándote te digo: te quiero a ti, quiero que seas mía, quiero desnudarte por completo y cuando digo desnudarte hablo de ti, de toda tú en tu máxima expresión. Sentirte por dentro y darme cuenta de que te entregas de una forma tan sublime ¡Me encanta! pues el sentir como me adueño de cada parte de ti, me convierte en un completo adicto a tu piel.
Ella es una combinación de actitudes que se me hace imposible de ignorar, es carismática, sexy, coqueta, perversa. Para mis ojos la cajita feliz completa. Con quien puedo hablar de todo sin que nada nos altere y si algo nos alterará, sería la pasión; esa pasión que va creciendo poco a poco en nosotros, aumentando la necesidad de tenernos, sentirnos, poseernos.
Me considero adicto a sus labios, su aroma, su piel, sus expresiones corporales y sobretodo adicto a su sexo, a lo que es y a lo que puede llegar a ser conmigo, simplemente me considero adicto a ella…