Sabes que esto acaba, te lo confirmo.
Pero sé que en este momento no sabrás que decir ni que hacer.
Caminas lentamente hacia mi.
Ella me miras sonriendo, tú lo intentas también, de verdad que lo intentas, pero no funciona, tus ojos no brillan como de costumbre.
Ella deja de sonreír y en su cara se hace presente ese característico gesto de confusión que tanto te gusta, pero lo había terminado todo, pero ahora yo si que sonríes, de manera irónica. De manera triste, pero sonríes al fin y al cabo.
“Quizás sea la última vez que pueda volver a ver tal gesto” fue lo único que pensé en ese momento.
Es una despedida, tienes que irte, pero no encuentras las palabras adecuadas para añadir en aquel silencio.
La palabra adiós es demasiado simple y rustica, y decir hasta pronto sería una de las mentiras más grandes del mundo, decir hasta nunca sería insensible y decir que lo amas tal vez está un poco fuera de contexto, aunque lo que más sabes que deseas en ese momento es decírselo, repetírselo una y otra y otra y otra vez intentando no sentir el corazón oprimido por el dolor de una verdadera despedida.
Te vas del país, y se lo confiesas, quizás para ya no volver.
Ella no sabe que hacer, levanta mucho las cejas y trata de procesar con calma la información.
Le ha caído como un balde de agua fría.
Analizas sus gestos, cada uno de ellos, sus emociones presentándose en su cara una, tras otra una.
Le duele, sientes su dolor y se mezcla con el tuyo. Su dolor se entrelaza, como sus manos.
Te vas, tienes que irte, él te pregunta si lo que está ocurriendo es cierto o simplemente es una pesadilla de algún sueño que tuve, tímidamente le respondes que sí, que es la realidad. Aunque cada fibra de tu ser quiere decir que la respuesta sea es no, no, no, no, y mentirle diciendo que si es un sueño. Pero sabes que es un no, no, no, no, no.
No quieres irte, algo en dice quedate.
Ella es luz, esperanza, deseo, alegría.
Con él el cielo es siempre de un azul intenso, o algún día gris a-su-lado.
No quieres irte, pero esta vez no hay opción.
¿Que demonios debes hacer?
¿Cómo le dices a la persona que amas que tienes que marcharte muy lejos de él?
No es fácil.
Pero lo haces, porque tienes que hacerlo.
Te das media vuelta y comienzas a caminar rápido.
Quizás será un poco más fácil si no volteas, si no das marcha atrás.
Pero eres débil, te duele, y decides girar tu cabeza hacia donde está él.
Ahí está, su corazón partido en mil y un pedazos y sus ojos vidriosos al verme marchar.
Le pides perdón con la mirada, le intentas gritar que no quieres irte, pero que no puedes evitar el inminente final.
Y simplemente sigues caminando, las lágrimas inundan tus ojos y tú corazón está dolido, está roto.
Y ahí está, es el final, ha sido todo, todo acabo en un par de segundos.
Pero no es así, ese solo fue el comienzo a un dolor que durará mucho tiempo, el inicio de una cicatriz que perdurará el resto de tus últimas días.
Publicado por; @rosynesv
Pequeño texto dirigido a una persona muy importante para la autora, que nunca llegar a olvida, hasta los últimos días de mi vida.
—Rosynes Valencia —