Desenterrando el Pasado(parte #2 final)
Aquello era absolutamente cierto. Neptuno Júpiter y Mercurio estaban dispuestos favorablemente en mi carta astral. ¿Y de qué manera te dicen que debo cambiar? -No lo sé. Sólo dicen eso, y que usted entendería lo demás. Lo que ahora me llama la atención es saber ¿por qué me lo dicen a mí, que no tengo nada que ver con su vida.
Sería bueno que esa pregunta se la hicieras a los guías que te instruyen en los sueños, le respondí. Está bien. Cuando reciba una respuesta lo llamo o me acerco.
Agarró su piedra, que todavía estaba caliente, y se disponía a irse cuando le pregunté si eso mismo le había pasado con alguna otra persona, pero me respondió que no. Que ya conmigo tenía suficiente, y aunque se lo pidieran, no pensaba seguir dando mensajes a extraños.
A los días se comunicó. Estaba visiblemente agitada, pero ya me tuteaba, y me dijo casi imperativa que necesitaba hablar conmigo esa misma tarde, que era muy importante lo que tenía para contarme. Aquello me parecía muy interesante, sobre todo
por lo de haber encontrado un puente que me relacionara con esa dimensión paralela, a la que muy pocas veces busqué llegar por mis propios medios, pero con el que me topaba a cada rato, cuando estudiaba una carta astral.
Ya en mi casa, apenas probó el café, me dijo: “Eres médico, o mejor dicho, lo fuiste en otras encarnaciones, pero esos conocimientos se conservan” Me resultaba un poco difícil aceptar que aquella joven con rostro indígena me hablara de esa manera tan firme y decidida sobre un tema del que apenas unos días atrás, parecía no saber nada, pero la seguí escuchando con atención creciente, porque aquellas palabras las había escuchado casi textualmente de una chamana que goza de mi más profundo respeto. Ella se quedó en silencio un buen rato.
Sentía un calor que le restaba el aliento. Me pidió que abriera la ventana, y al mismo tiempo fue al baño a lavarse la cara. Cuando regresó me agarró las manos y me pidió con un dolor impresionante que se reflejaba en sus ojos, que por favor la perdonara,
“Yo sé que aquello que hice fue muy grave, y que cargaré con ese dolor hasta el día en que tú me perdones” Esa confesión sobrepasaba mi entendimiento.
De verdad llegué a sospechar que se trataba de un caso de insania mental, pero en seguida me atajó, “No, no estoy loca. Te estoy hablando desde mi espíritu, y quiero que entiendas que todo esto ocurrió en verdad. Fue hace 120 años, del tiempo terrenal. Yo hice algo indigno, para que no pudieras entrar en la orden secreta de la sanación. Fuiste desterrado por eso que dije, y cuando descubrieron que todo era mentira, ya habías muerto, y con tu muerte se perdió un conocimiento que retrasó muchos años el avance de la Orden, porque sólo tú sabías dónde estaban los escritos que resguardaban muchas fórmulas mágicas de sanación” No sé por qué ni cómo, pero aunque no podía recordar nada de lo que me decía, al verla en ese estado de clamor, le dije que por mi parte no guardaba ningún rencor, y que se fuera tranquila, y siguiera en lo que estaba en aquella vida. Ella me abrazó y me dijo que trabajaría para que yo llegara en esta oportunidad a donde mi gente, que me estaban esperando en otros planos.
Esa es una de las experiencias más hondas que he tenido en mi existencia. Algo ocurrió que me hizo valorar ese momento y la persona de esa joven, que le dije lo del perdón con toda la honestidad que soy capaz de sentir. Pero lo que más me convenció de la veracidad en la dramática confesión, fue que en ningún momento se me ocurrió incurrir en alguna curiosidad, como saber quién había sido yo, o en qué país había vivido en la vida anterior, o cosas de ese tipo.
Su impacto en mi interior fue el de una revelación. De hecho, es la primera vez que cuento esa experiencia, y no creo que la hubiera podido contar de otra manera. De la muchacha sólo supe por el amigo común, que se había mudado a otra ciudad, y creo que está bien. Las cosas de un pasado que no podemos modificar, es mejor dejarlas dormidas.