Clara, la estrella fugaz de vida
para ver esos pequeños y dulces ojos,
que me hacen sentir algo especial,
un calor dentro de mí que me quema.
Eres el deseo real de una estrella fugaz,
uno que anhelé esa noche solitaria,
tomado de la mano con los ojos cerrados,
de corazón y alma abiertos a la bondad.
Parece que te he sacado del cielo,
una estrella ardiendo dentro de mí,
un ser brillante que ilumina la oscuridad,
se extingue en mí toda soledad.
Clara te haces llamar,
y eso me hace sonreír,
hermoso nombre con cual naciste,
del deseo ferviente de este ser humilde.
Viniste cambiando vidas,
enseñando razones de existencia,
aprendí a amar mi alrededor,
como algo perfecto similar al creador.
Sonrisas que dibujaste durante tu estancia,
en mi vieja cara que ya no existía,
porque tomaste posesión completa de mí,
para llenarla de vida.
Sabía que no estarías allí todas las noches,
volver como un deseo deberías,
para convertirte en polvo brillante,
y volver por otro para alegrar su vida.