Saludos, hivers. Nos acercamos al final de la serie. Aquí, la nueva entrega.
Com siempre, quiero agradecer a @cervantes la oportunidad de publicar en su Comunidad.
No podía asegurar que flotara o estuviera acostado o sentado. No tenía ojos ni oídos, ni lengua ni saliva. No hacía frío ni calor. Era una conciencia en el vacío y estaba a igual distancia de ninguna parte.
Poco a poco, su cabeza comenzó a pulsar con lentas sacudidas; su pecho comenzó a llenarse, como si derramaran en él un líquido ardiente que le hacía crujir y rechinar. Sus piernas y brazos se agitaron, su boca se abrió y un silbido acompañó la succión del aire. La aspiración fue desesperada. Las convulsiones disminuyeron luego de unos segundos. La calma volvió, pero no la misma calma: ahora sabía que estaba acostado boca arriba, que respiraba un aire muy frío, que tenía sed.
“Está despierto”, repitió la voz.
Altavoces. Varios altavoces distribuidos en la habitación (debe ser una habitación). Quiso preguntar dónde estaba, pero no logró articular ninguna palabra, ni siquiera llegó a mover los labios.
La voz se dejó escuchar de nuevo: “Está saliendo de un experimento complejo, es natural que esté confundido. Ha sido sometido a la acción de diversas drogas y a la hipnosis inducida químicamente. Su sentido de la realidad se verá alterado por un tiempo. Le parecerá que las cosas no son lo que deben ser o que tienen otro significado. No se preocupe, es normal. En pocos días desaparecerá toda sensación de extrañeza. Volverá a su vida normal (Una pausa). Su contribución ha sido de mucha utilidad para la realización del experimento. Podemos decir, y usted con nosotros, que hemos avanzado como nunca antes en la compresión de las psicopatías y los estados alucinatorios. EL efecto de las nuevas drogas ha superado ampliamente nuestros cálculos más optimistas. Gracias”.
La voz se extinguió dejándole un sabor metálico en el paladar. Sintió la soledad de un camino equivocado. Mientras la conciencia lo abandonaba, advirtió que la cama donde reposaba giraba y ondulaba. Un remolino que se acrecentaba por segundo lo engullía. Vislumbró luces, manchas coloreadas, habitaciones abominables, fragmentos de rostros y de trajes.
Gracias por su lectura