Saludos, gente de Hive. Aquí les dejo para su lectura la cuarta parte o episodio de la serie "Estación". Con esto, ya superamos la mitad.
Espero que sea de su agrado.
Quiero agradecer a @cervantes por el espacio en su Comunidad.
Su mujer dormía todavía, como cada día, pero eso no le preocupaba: apenas si se enteraba de que había pasado la noche con ella.
En la universidad le esperaban las tareas habituales: las clases, la revisión de exámenes y los trabajos de los alumnos. Al final de la mañana, durante la última clase, se encontró mirando con fascinación la garganta de una alumna. “Si cortara su cuello”, se dijo en silencio, “la sangre salpicaría mi rostro.”
Es posible que el miedo asomara a sus ojos, pero nadie dijo nada cuando se interrumpió con brusquedad y salió del aula. En el camino de regreso a su casa, mientras sostenía con firmeza el volante y conducía con meticuloso cuidado, procuró calmarse y dar una explicación a ese repentino pensamiento. Lo que lo aterraba no era el pensamiento en sí mismo sino el placer que lo acompañó, la repugnante familiaridad con que se manifestara, como si él ya hubiera experimentado, en un pasado que no lograba evocar, esa experiencia.
Tal vez todo fuera consecuencia del estado nervioso que vivía desde que comenzó a olvidar sus sueños. Él siempre había recordado y olvidado los sueños con una frecuencia normal, pero ahora solo retenía la angustia, el miedo, la sensación de una catástrofe inminente. Estaba seguro de que la tensión que esto le provocaba era la causante del ridículo pensamiento que lo había asaltado.
Llegó a su casa en completa calma. Pero al quitar las manos del volante las miró empapadas de sangre. Corrió por la casa llamando a su esposa, demasiado horrorizado para otra cosa. La encontró en el cuarto de baño. Le mostró las manos, un poco húmedas de sudor. Ella sonrió, sin comprender.
“No voy a volverme loco”, pensó, cerrando los ojos.