Entrada al Concurso de cuento navideño de Literatos | Un cuento de navidad

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Toda buena historia de navidad comienza con una aventura. Aunque tenemos poca margen para contarla, pienso que debo presentarle a los dos protagonistas de nuestra historia.

Eran dos medios hermanos de la misma edad. Cada uno criados separados uno del otro, destinados a enfrentarse por las rivalidades entre sus madres. Seducidos al oído que tenían que derrotar al otro a cualquier precio.

El mayor por tan solo horas se llamaba Jing. Su mayor talento era la buena suerte, en cada enfrentamiento ganaba por la influencia externa de cualquier objeto. Si tropezaba con un cubo de heces podía vencer a su oponente en un enfrentamiento de espadas.

El menor se llamaba Gerundio. Y su mayor habilidad era inventar historias. La gente le decía mentiroso, pero sus mentiras iban más allá de eso. Lo que contaba se cumplía a los días.

El padre de ambos era un hombre de poder y mucho territorio, aunque no era el rey, era un lord con mucha influencia. Así que los instruyó con los mejores maestros de armas y de historia, pero sus hijos ya en la mayoría de edad huyeron de sus respectivos hogares. La presión de competir entre ellos fue demasiado.

Aunque ni Jing ni Gerundio se conocían, ambos se odiaban por dentro por haber nacido y hacerle la vida imposible. Ese odio era tanto que decidieron alejarse de sus vidas para nunca más volver a encontrarse.

Sin embargo, pese a que intentaron escapar de su destino, estos los volvió a reunir.

Era navidad. Y en la época medieval era difícil disfrutar la temporada en paz. Se disparaban los ladrones y las disputas entre los lores. En uno de los enfrentamientos fue hecho a pie del castillo del Lord Midas. En esa batalla combatiendo en el mismo bando estaban los dos hermanos sin saberlo. Ambos peleaban contra los caballeros enemigos con gallardía y temple, pero se acercaba la nochebuena y sentían que estaba mal lo que hacían.

Sin saberlo Jing había entablado amistad con Gerundio, sintiendo la necesidad de escapar de la pelea, se lo susurro en secreto. Ambos concordaron en fugarse, y así lo hicieron. La suerte de Jing los acompañó. Los soldados estaban concentrados en los enemigos. Cuando estuvieron en los lindes del bosque, los soldados de los dos bandos empezaron a darle caza.

La suerte los encubrió un poco más. Al anochecer una espesa neblina cubrió todo el bosque. Cualquier hubiera podido salir herido, no obstante, Jing conocía de bosques, así que guió a Gerundio por los senderos buscando una caverna.

Gerundio la materializó mintiendo que a pocos pasos había una. Apareció por arte de magia al cruzar un enorme pino. Gerundio se encargó de contar una historia donde ellos esa noche jamás serían encontrados, provocando que la niebla cobrará vida y encerrándolos en la cueva, protegiéndolos de sus captores que estaban cerca.

Los dos hermanos sin saberlo pasaron esa nochebuena con hambre y ateridos. Jing por pura suerte encendió una buena fogata que les dio calor. Ese escenario se armó que hizo que afloraron sus historias personales. Sorprendidos, ambos descubrieron que eran hermanos de sangre.

Mientras afuera todos peleaban y disputaban un trozo de tierra, los hermanos compartían un rato ameno. Sin nada, en plena navidad compartieron sus vidas y perdonaron los rencores pasados.

Al amanecer los hermanos estaban dispuestos a cambiar el mundo cruel donde vivían.

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