Cuando se descubre el amor, el alma se llena
y la vida cambia de cierta manera
Que impresionante descubrir el amor mediante una cita a ciegas y nada es más noble que el nacimiento de un hijo.
Es el momento en que una madre ciertamente descubre el amor, mediante una sublime mirada y una suave piel, un frágil cuerpecito calientito con olor a miel, una suave cabellera que parece seda al tacto, una naricita chiquitita que respira fe, sus pequeños oídos al que se les susurran las canciones del carrusel, aquellas manitos aferradas a nuestros dedos que no provoca soltar jamás, esos pequeños pies que en el camino correcto debes enseñar a andar y aquel corazón acelerado donde cada latido genera sonrisas imborrables del rostro de una mujer.
Se descubre el amor más grande y puro de la vida, un amor absoluto donde se entrega todo día a día, un amor que nada lo ataja, pues no tiene barreras.
¿Cómo no va a ser nuestro verdadero amor?
Si cuando nos detenemos un momento a observarlos, reflexionamos sobre lo grandioso de nuestro ser y de nuestro cuerpo que le dio vida a un pequeño ser, ese ser que necesita nuestro calor, nuestro apego, nuestra atención y comprensión.
¿Cómo no estar dispuestas a dar nuestra vida por su vida?
Si son lo que nos da precisamente vida.
Los hijos por siempre y para siempre serán el amor más grande que exista.
DEDICADO A EL AMOR DE MIS AMORES, MI HIJO
Todas las fotografías son de mi autoría
Cámara Huawei G620 S
Fuente del separador: PIXABAY