Se quedó conmigo tu perfume
ni siquiera eso te pudiste llevar,
se quedó conmigo tu último aliento
y aún lo conservo como suspiro de paz.
Se quedaron conmigo tus enseñanzas
pero más que todo tu forma de enseñar;
se quedaron conmigo todas tus manías
y aquel denso humo del cigarrillo mortal.
Te recordaría aún si borraran mi memoria
porque la sangre no se puede borrar;
te recordaría como te recordé al nacer
porque sonreía mientras sentía tu ser.
Rainelis Loero.