¿Y quién puede escuchar el llanto de los grillos, por la mañana?
¿Quién puede oler el aroma que desprenden los vagabundos, al amanecer?
Solo quién acalla el revuelo de sus pensamientos y enciende la luz de su consciencia.
Ese ser que observa en su sueño, y deja de creer que todos le miran, que todos le odian.
Ese que comienza a observar despierto, sensible a lo que percibe más allá de sus narices.
Despertar de la realidad que agobia y comenzar a vivir el sueño que deleita, aún con la mirada atenta.
Perderse en los detalles que no se comunican con palabras, son los signos codificados de un mensaje alucinante.
Volvió a amanecer y no todos pensamos para existir...
Rainelis Loero.