Entre copa y copa se forjan aquellos vínculos
que unen cómplices desacomplejados,
inmersos en conversaciones transcendentales
que poco a poco se traducen en nimiedades toscas
por el paso del vino,
maravilloso elixir que aviva la felicidad, la nocturnidad,
la hermandad cuando el alma está en paz.
Cuando la guerra aparece se convierte en el monstruo
devorador de emociones, la ira, los celos, la envidia, el dolor
hace su aparición por la alfombra de tinto.
Ese maridaje tan necesario para amortiguar debilidades,
esas tapas que hacen de un me alegro verte,
un himno inconfundible.
Tabernas donde la magia reside en el espacio,
en los manjares , en las taberneras que con su sonrisa
abren los canales de la inspiración.
Camino a camino para acabar disfrutando de la vida.
Todo lo demás es solo humo.
Fotografía de mi autoría.